DEPREDADOR (John McTiernan) / 1987: Arnold Schwarzenegger, Carl Weathers, Elpidia Carrillo, Bill Duke, Jesse Ventura, Sonny Landham, Richard Chaves, R. G. Armstrong, Shane Black, Kevin Peter Hall.

 

   La segunda película de McTiernan significaría también su segunda incursión en el terror (la primera sería la poco conocida Nómadas, 1986), eso sí, mezclada acertadamente con grandes dosis de cine bélico (cóctel que recuerda, por su parecido y cercanía en el tiempo, a la maravillosa Aliens: El regreso, James Cameron, 1986, ambas con una dosis subyacente de crítica hacia el estamento militar –las dos ponen en tela de juicio la utilidad de las armas a la hora de enfrentarse a un enemigo desconocido. Sin ir más lejos, basta con ver la escena del interminable y absurdo tiroteo en el bosque tras la muerte de uno de los soldados, en la que sus compañeros vacían los cargadores de las armas intentando hacer blanco en un enemigo invisible y ya ausente, y cuyo único resultado es la devastación del entorno que los rodea-).

 

   Como sucediera en el filme de Cameron, la primera parte del metraje nos introduce en la vida de la milicia, en su comportamiento marcial en medio de un ambiente castrense, en la camaradería existente, y en el amor que profesan a sus armas (lo siento, pero ver a una caterva de hombres musculosos y sudorosos intentando demostrar lo duros que son mientras frotan el cañón de sus metralletas no me produce ningún tipo de fervor varonil, sino la sensación de estar observando a un grupo de gays que aún no han aceptado su condición sexual, con exceso de testosterona y midiéndose su miembro viril). Eso sí, la elección del reparto es de lo más acertada: Schwarzenegger se encuentra con un personaje (Dutch) hecho a su medida; Weathers (visto en varias entregas de la saga Rocky) clava el papel de Dillon, un agente de la C. I. A. que embauca a su antiguo compañero Dutch y sus hombres para que se embarquen junto a él en una misión secreta (ésta consiste en el asalto a un campamento en la jungla –Mc Tiernan demuestra su habilidad a la hora de rodar escenas de acción, realizando una secuencia ejemplar, situando la cámara dentro del combate y logrando ubicar al espectador en el mismo sin someterlo a un montaje epiléptico con cambios de plano continuos- en el que se mantiene secuestrados a varios diplomáticos estadounidenses. Pronto se descubrirá que el asentamiento esconde algo más, aunque este tema pierde relevancia ante la aparición del Depredador) de la que no contará toda la verdad, aunque logrará redimirse sacrificando su vida para salvar a sus compañeros (atención a la sangrienta escena en la que el cazador tirotea el brazo armado del hombre, que es arrancado de cuajo y cae al suelo mientras continúa disparando); Duke (en el rol de Mac) es, quizá, el mejor actor de todo el elenco, siendo el único que logra mostrar mas facetas de su personaje que la típica y unidimensional de hombre duro (ver su reacción cuando fallece su amigo Blain, al que da vida el luchador de Wrestling Jesse Ventura –en un papel que le viene como un guante-); por otro lado tenemos a un correcto Landham (el actor tenía que llevar consigo un grupo de guardaespaldas durante el rodaje… para proteger al equipo de su agresividad) como Billy, el rastreador de origen indio que detecta la presencia del Depredador (su muerte ocurre fuera de plano, pero la escena en la que vemos a la criatura extraer la columna vertebral y el cráneo de su cuerpo  pone los pelos de punta); y, finalmente a Chaves y Black que cumplen en sus respectivos papeles (Anna –Carrillo- se dedica a ser un mero objeto decorativo sin ningún fin, siendo su personaje completamente prescindible).

 

   La segunda parte del filme es la más interesante, en cuanto que tenemos a un grupo de soldados perfectamente entrenados para las misiones más arriesgadas siendo eliminados de manera infalible e infatigable por una criatura desconocida. El hecho de que los hombres vayan provistos de armas sumamente avanzadas es tomado como un desafío por el Depredador (que ignora a Anna porque va desarmada), que se plantea la cacería como un juego en el que recolecta trofeos (los cráneos y columnas vertebrales de sus victimas, dejando a éstas colgadas de los árboles completamente desolladas), y que goza de superioridad, sino numérica, si en cuanto al equipo, mucho más evolucionado que el de sus contrincantes, pudiendo detectar a sus presar por el calor que desprenden y teniendo la capacidad de hacerse invisible. Finalmente, Dutch comprenderá que solo puede vencer a su enemigo renunciando a la tecnología y enfrentándose a él en igualdad de fuerzas, con la única ayuda que le proporciona el conocimiento de la jungla y el partido que del mismo pueda sacar. Será entonces cuando se midan la superioridad física de la criatura con la intelectual del ser humano, que se saldará con la victoria de éste. El director nos lega imágenes de gran belleza (todos aquellos planos en los que aparece el ser extraterrestre –interpretado de manera magistral por Peter Hall, que consigue insuflar vida y personalidad a una criatura inexpresiva, transmitiendo lo necesario solo con sus elegantes movimientos. El actor falleció cuatro años después tras contraer S. I. D. A. en una transfusión de sangre-; aquella otra en la que Dutch se oculta entre las ramas de un gran árbol, revelando su posición tras dispararle al Depredador, y éste responde lanzando toda su artillería contra todo lo que le rodea, haciendo que la noche quede completamente iluminada por un maremágnum multicolor de fuegos artificiales), sabiendo jugar perfectamente con el medio en el que se mueve, aprovechando la jungla como un personaje más que interactúa (y con el que interactúan) los personajes. Es, por tanto, justo reseñar también en este apartado la fotografía de Donald McAlpine (su labor en la magistral La gran aventura de Peter Pan, P. J. Hogan, 2003, es, simplemente, soberbia).

 

   En cuanto a los demás apartados, mencionar la partitura de Alan Silvestri y los magníficos FX de maquillaje del tristemente fallecido Stan Winston, creando un ser icónico reconocido por generaciones de aficionados al cine en general y al terror en particular. Destaca también la aparición de Robert Kurtzman, Greg Nicotero y Howard Berger como parte del equipo encargado de los FX visuales y de maquillaje.

 

   Una notable película que se ve parcialmente lastrada (aunque reconozco que esta opinión se ve desequilibrada por mis prejuicios ante el estamento militar) por su primera parte, excesivamente marcada por su carácter castrense.

 

(7,5/6)

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