BATTLE ROYALE 2: REQUIEM (Kinji & Kenta Fukasaku) / 2003: Tatsuya Fujiwara, Ai Maeda, Riki Takeuchi, Shûgo Oshinari, Ayana Sakai, Haruka Suenaga, Yûma Ishigaki, Miyuki Kanbe, Masaya Kikawada, Yuki Ito, Aki Maeda.

 

   Shuya Nanahara (Fujiwara de nuevo), uno de los dos supervivientes del primer Battle royale, Kinji Fukasaku, 2000 (SciTeFan), junto a Noriko (Aki Maeda, que en esta secuela tiene una pequeña intervención al final en ese mismo rol. La actriz es hermana de Ai Maeda, que aquí hace el papel de Shiori Kitano, la hija del profesor Kitano -interpretado por Takeshi Kitano- en la citada primera parte, de la que tan solo oíamos su voz en varias conversaciones telefónicas que mantenía con su padre), se ha convertido en un peligroso terrorista, azote de los adultos que le condenaron a una muerte casi segura tiempo atrás. Su base de operaciones está en una isla a la que será enviada una nueva hornada de estudiantes con el fin de acabar con su vida y la de sus huestes (efectivamente, los fanáticos que, para más señas, acaban de volar por los aires varios rascacielos, lo que da una idea aproximada de su peligrosidad, mantienen su base de operaciones en un islote aislado del resto del mundo y del que el gobierno nipón conoce su ubicación exacta, y en vez de pulverizarlo a distancia mandan a una horda de preadolescentes inexpertos y salidos -¿Alguien se ha molestado en contar el número de declaraciones de amor ridículas y fuera de lugar que se producen en ambos filmes? ¿Por qué ese empeño en mostrarnos una y otra vez a un montón de panolis que proclaman su amor a los cuatro vientos hacia la mujer de sus sueños siempre que se hallan a punto de morir brutalmente?- a una batalla perdida de antemano).

 

   La secuela de la decepcionante Battle royale añade un punto de decepción más, si cabe, que su predecesora, debido a que es capaz de irritar al más pintado: Si en la primera entrega teníamos a un Takeshi Kitano fuera de lugar, aquí nos obsequian con la aparición de un Riki Takeuchi (que aparte de salir en un montón de filmes sobre yakuzas en su país de origen -trilogía Dead or alive, dirigida por Takashi Miike en los años 1999, 2000 y 2002- también ha mostrado sus dotes como cantante con algún que otro disco) capaz de enervar y desesperar al más condescendiente de los espectadores con una interpretación plagada de tics, muecas y aspavientos exagerados al límite que dejan la palabra sobreactuación al nivel de un simple eufemismo. Si no tenemos suficiente con esto, el resto del reparto (todo el elenco juvenil, sin excepciones) hace que algunas de las interpretaciones de Jim Carrey o Robin Williams en sus peores tiempos sean un ejemplo de mesura y moderación, lo que provoca que algunas situaciones inicialmente dramáticas provoquen la carcajada involuntaria (las citadas y múltiples declaraciones de amor, o las también repetidas despedidas definitivas entre compañeros, amigos o parejas). Por otro lado, más de la mitad de los asaltantes caen bajo fuego enemigo casi al principio, cuando se produce la llegada en las lanchas a la isla, siendo imposible identificar quien muere y quien sobrevive (aquí la utilización de los carteles con el nombre de los fallecidos es absurda, pues muchos de ellos solo han aparecido en pantalla durante escasos segundos y son eliminados rapidísimamente, por lo que su identificación por parte del espectador es imposible), sensación que se reproduce de manera inmediata, cuando los supervivientes toman la playa e intentan llegar a las ruinas en las que se acantonan los terroristas, que los masacran sin compasión, produciéndose un nuevo ciclo de muertes que no hacen más que acrecentar la confusión. Cierto es que la película recupera algo de pulso cuando los soldados adultos llegan a la isla y comienza la batalla con los jóvenes que han logrado sobrevivir, pues aquellos arrasan con todo lo que encuentran en su camino, sean chicos, niños, e incluso bebés (impresiona ver a las milicias eliminando a los pequeños a su paso), pero la mediocridad vuelve a reinar cuando llegamos a la conclusión, carente de sentido, primero con el profesor vestido de jugador de rugby indicándoles a sus alumnos por donde deben huir (impagable su escena saltando por los aires a cámara lenta con el balón firmado por sus discípulos justo antes de que se produzca la explosión), y luego, con los dos protagonistas saliendo a pecho descubierto y con un cargador para cada uno a un campo de batalla plagado de enemigos armados hasta los dientes, intentando morir con honor. Lo realmente grave es que en el epílogo, que nos muestra a las chicas que escaparon de la isla con algunos de los recién nacidos y a Noriko (recordemos, la otra superviviente de la primera parte) en un país extranjero, reaparecen los dos jóvenes a bordo de un jeep como si nada hubiese pasado, intentando hacer comulgar con ruedas de molino a una audiencia a la que, parece, se presupone idiota.

 

   Kinji Fukasaku repitió su labor de director con respecto a Battle royale, pero su muerte repentina hizo que su hijo, Kenta Fukasaku, acabase el trabajo.

 

(4/4)

CARÁTULAS Y POSTERS

TRAILER JAPÓN 1

TRAILER JAPÓN 2

(Subtítulos inglés)

TRAILER JAPÓN 3

(Subtítulos inglés)

TRAILER ESPAÑA 1

TRAILER ESPAÑA 2

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