SUBESPECIES 2. RADU: AULLIDOS EN LA NOCHE (Ted Nicolaou) / 1993: Anders Hove, Denice Duff, Kevin Spirtas, Melanie Shatner, Michael Denish, Pamela Gordon, Ion Haiduc, Tudorel Filimon, Viorel Comanici, Viorel Sergovici.

 

    Radu (Hove de nuevo, que vuelve a bordar su papel. El parecido del vampiro con el de la criatura del videoclip “I´do anything for love: But I won´t do that” de Meat Loaf es más que llamativo) elimina a su hermano Stefan (al que solo vemos en un plano, en su ataúd, y que ya no está interpretado por Michael Watson) clavándole una estaca mientras duerme, con la intención de robarle la Piedra de la Sangre (la “Bloodstone” del título original, oscuro objeto del deseo del malvado protagonista de la saga desde la primera entrega). Cuando intenta hacer lo mismo con Michele (Duff sustituyendo a Laura Tate), ésta logra huir del castillo con la sagrada reliquia, poniéndose en contacto con su hermana Rebecca (Shatner), a la que pide ayuda. Ésta acude en pos de la joven a Rumanía, encontrándose con que Michele es perseguida por Radu con la intención de esclavizarla, tras enamorarse de ella, y de recuperar el preciado objeto que la joven se ha llevado. Con la ayuda de Mel (Spirtas, visto en Las colinas tienen ojos 2ª parte, Wes Craven, 1984; y Viernes 13 parte 7: La película, John Carl Buechler, 1988), el embajador americano y el escéptico del grupo; del entusiasta Popescu (Denish), un anciano profesor especializado en el folclore de su país; y del Teniente Marin (Haiduc, que aporta las acertadas gotas de humor al filme debido a su perpetuo estado de despiste y atolondramiento y a sus continuas referencias a legendarios detectives del cine y la televisión americana, a los que admira con completa vehemencia. Se refiere, en concreto, a Colombo y a Perry Mason, de quienes declara seguir sus métodos, aunque también cita Las calles de San Francisco, la serie policiaca en la que Karl Malden y Michael Douglas interpretan a dos detectives especializados en la investigación de homicidios en la ciudad californiana del título), Rebecca intentará detener a la criatura de la noche, liberando y salvando, de paso, a su hermana.

 

    El regreso de la saga de Radu vuelve a ser dirigido en esta segunda parte por Nicolaou (quien repetiría su rol en las dos entregas restantes y en el spin off Vampire journals, 1996), quien repite todas las virtudes del filme predecesor, tales como la ambientación en paisajes rurales de Rumanía (esta segunda entrega se rodó de manera simultánea junto a la tercera, con un presupuesto conjunto de unos escasísimos tres millones de dólares), haciendo uso de sus bosques y sus castillos ancestrales, tenebrosos y amenazantes (cada uno de sus recodos parece albergar, una vez mdás, la amenaza latente y desconocida), así como de los pueblos y pequeños ciudades de sus alrededores, y transformando la carestía presupuestaria en virtud. Valgan como ejemplo de este último punto tanto los magníficos FX de maquillaje (el rostro de Radu, o el de Stefan, descompuesto y cadavérico, una vez su hermano lo ha asesinado. Mención aparte merecen las visitas del vampiro a Mummy -Gordon-, su madre, un decrépito ser que vive en una cripta de un antiguo cementerio desde tiempos inmemoriales y que dicta los designios de su vástago. La labor de Make Up es, en este caso, excelente, uniéndose a la magnífica recreación del túmulo, y logrando la suma de ambos elementos un par de momentos a recordar gracias a una lograda ambientación, tétrica y ominosa. Eso sí, cuando la criatura es eliminada, vemos en un fugaz instante la plataforma de madera sobre la que se desplaza mientras las llamas la envuelven) como los físicos o de Stop Motion (el inicio, con las subespecies reconstruyendo el cuerpo de Radu, al volver a unir la cabeza al torso, del que se hallaba separada -incluso un plano de la testa desplazándose utilizando algunas de las venas que salen del cuello rasgado recuerda a uno de los momentos más sangrientos de La cosa, John Carpenter, 1982-; o la sangrienta muerte de Stefan y su dolorosa agonía), obra en su totalidad de dos leyendas en su campo como son Michael Deak (Ghoulies, Luca Bercovici, 1985; El día de los muertos, George A. Romero, 1985; El fantasma de la ópera, Dwight H. Little, 1989; Pesadilla final: La muerte de Freddy, Rachel Talalay, 1991; La venganza de los muñecos 3, Jeff Burr, 1993…) y Wayne Toth (Halloween 4: El regreso de Michael Myers, Dwight H. Little, 1988; El gato infernal, John Harrison, 1990; El sótano del miedo, Wes Craven, 1991; Garrapatas, Tony Randel, 1993; Mortal zombie, Brian Yuzna, 1993). Por otro lado, la continuidad de la historia (Subespecies II comienza su historia en el punto donde terminaba Subspecies, y la tercera entrega es una continuación directa de esta segunda, ahora analizada. De manera idéntica sucede con la cuarta parte respecto a la tercera), con los mismos personajes y actores (Duff repite en las dos siguientes secuelas: Subspecies 3: Las entrañas del mal, Ted Nicolaou, 1994; y Subspecies 4: Bloodstorm, ídem, 1997, al igual que Haiduc y Spirtas, que no aparece acreditado en la última, pues solo le vemos en flashbacks. También vemos a Denish en las dos entregas citadas, pero no es mencionado en los créditos. Finalmente, Shatner sale en la tercera parte), también aporta coherencia a la trama, ligeramente insidiosa (su punto negativo de mayor calado) en algunos momentos.

 

(6/4)

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