SEXYKILLER (Miguel Martí) / 2008: Macarena Gómez, Alejo Sauras, César Camino, Ángel de Andrés López, Juan Carlos Vellido, Nadia Casado, Juan Díaz, David Tenreiro, Fernando Ramallo, Ramón Langa, Jimmy Barnatán, Eloy Yebra, Paco León, Luciano Federico.

 

   Bárbara (una Macarena Gómez impecable, maravillosa y acertadísima, que borda su papel, ganándose el favor y la simpatía de la platea), una joven estudiante de medicina, pija y obsesionada con la moda, se entretiene asesinando de las formas más brutales y variadas a todo aquel que se cruce en su camino, regando el campus de cadáveres.

 

    Con esta premisa tan sencilla, Martí diseña durante la primera media hora una comedia (de terror) divertidísima y plena de aciertos, en la que asistimos a momentos delirantes (el primer asesinato, previo a los títulos de crédito, en el que un alumno bromista –atención a sus gestos y sus frases, porque no tienen desperdicio- se interna en el vestuario de las chicas ataviado con un disfraz de Ghostface –el asesino de Scream, Wes Craven, 1996- de rastrillo, con la clara intención de observar a sus compañeras desnudas, siendo él el sorprendido por la asesina, también encapuchada; el polvo entre Ángel –Ramallo- y Bárbara, con el primero sudando a mares mientras la segunda le lanza todo tipo de pullas sarcásticas o se pone a ver la tele; la subsiguiente escena, donde Bárbara da las instrucciones precisas para cometer un asesinato limpio y eficaz, enumerando los objetos necesarios para tal fin y valiéndose de gráficos e iconos en la pantalla, con una advertencia sanitaria final que avisa de los peligros de poner en práctica lo explicado; el momento en el que nuestra protagonista lee en clase un trasunto psicopático de la revista Cosmopolitan llamada Cosmokiller; o ese otro, en el que, tras el asesinato de Clara –Casado-, la rival de Bárbara, se emite un informativo desde el lugar de los hechos mientras por la parte inferior de la pantalla vemos desfilar mensajes de móvil de toda catadura, enviados al número 666, iguales a los que salen en los programas de cotilleos); a otros humorísticos, llenos de diálogos descacharrantes (la escena inicial, en el vestuario, donde una de las rivales de Bárbara le dice a una de sus amigas, mientras observan a la chica: “Te digo una cosa: Esa se ha comido más pollas que tú y yo juntas.”; el posterior encuentro en los pasillos del campus entre la protagonista y sus enemigas, en el que una de ellas, cuando le ofrecen un preservativo, replica ni corta ni perezosa: “¡No, no! Nosotras no usamos nada que sea gratis. Es como… de clase baja.”; el atropello del perro de Bárbara, mientras pasean de noche, por el coche que conduce un desternillante Paco León, en un papel demasiado corto, que frena en seco y grita: “¡Como me haya abollao el coche, que lo acabo de tunear, su puta madre…! ¡Te voy a pegar un piñote que te vas a cagar en las bragas, hija de puta!”, mientras Bárbara vuelve a hablar a cámara, justificando sus asesinatos ante individuos de semejante calaña); o a homenajes de todo tipo al terror en particular y al cine en general (el segundo apellido de Bárbara es Mata; el perro de ésta, que sufre un fatal encuentro con Paco León, se llama Jason; nuestra peculiar asesina imita la mítica escena ante el espejo del Travis Bickle interpretado magistralmente por Robert De Niro en Taxi driver, Martin Scorsese, 1976, mientras suena una peculiar versión de “Barbie girl”; Bárbara menciona la nula necesidad de una justificación para sus actos –al igual que hicieran los asesinos de Scream-, y alude a Viernes 13, Sean S. Cunningham, 1980, para amenazar a los espectadores; Ángel le cuenta a la asesina que ha logrado plaza en el instituto Jorge A punto Romero).

 

    Es una lástima que la película decaiga considerablemente a partir de esa primera media hora. Ni siquiera la aparición de De Andrés en el papel de investigador, o la proliferación de asesinatos (el del profesor al que Bárbara clava un tacón en la cabeza; el de Clara, a la que degüella en el templo que se haya en el bosque junto a la Facultad; o el de la mujer en el baño del restaurante, que acaba con una fregona clavada en la cabeza) y cameos por doquier (Langa, eterna voz de doblaje de Bruce Willis, como el decano de la Facultad; Yebra y Barnatán como unos estudiantes que serán pasto de los zombis durante la fiesta final; Octavi Pujades como un autoestopista) consiguen que el filme alce nuevamente el vuelo, recuperando el pulso tan solo en la secuencia del asesinato de Alex (Sauras), que homenajea brillantemente a Scream, volteando su inicio (en este caso es el joven quien llama, a modo de broma, a Bárbara, proponiéndole un juego de preguntas y respuestas sobre cine de terror, al igual que hiciera Ghostface con Drew Barrymore. Lo que él no sabe es que la chica es la homicida en cuestión, y cuando le pregunta por el asesino de El silencio de los corderos -Jonathan Demme, 1991- pensando en Hannibal Lecter, ella aprovecha para invertir la situación respondiendo que el verdadero criminal de la película es Buffalo Bill, adoptando un tono amenazante al advertir la duda en la voz de Alex, e intercambiando así los roles iniciales de víctima y verdugo. El chico colgará el teléfono asustado, pero una nueva llamada no deja lugar a dudas, pues cuando Alex le dice que ella no puede ser la asesina, ella replica: “¿Sabes lo que pasa en el mundo de los asesinos en serie? Que hay mucho machismo. Pero eso se acabó.”. A continuación, Bárbara entrará en la sala de autopsias, donde se encuentra el joven, al que apuñala varias veces y le clava el gancho de un polipasto, elevándolo en el aire hasta que muere –la escena finaliza brillantemente con ese plano de la puerta que se cierra y nos deja ver, como auténticos voyeurs, a la víctima agonizando y colgada-).

 

    Incluso la parte final, en la que las víctimas de Bárbara vuelven a la vida en forma de muertos vivientes hambrientos de carne humana (la forma de reanimar a los cadáveres, con un suero hecho con drogas, constituye un claro homenaje a Re-Animator, Stuart Gordon, 1985, al igual que el rol de De Andrés en esta parte, un remedo del Dr. Hill interpretado por David Gale en el filme citado. Incluso hay alguna secuencia que recuerda a Braindead: Tu madre se ha comido a mi perro, Peter Jackson, 1992), parece un intento desesperado por mantener el interés en la parte final, huyendo definitivamente de cualquier tipo de coherencia. En el debe figuran también los (innecesarios) efectos digitales de la explosión del coche de Paco León, sacrificado finalmente por Bárbara, y de la deflagración de la casa a la conclusión, en la que los dos protagonistas salen volando por una de las ventanas, aterrizando en el jardín.

 

(5/7)

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TRAILER ESPAÑA 1

TRAILER ESPAÑA 2

TRAILER ALEMANIA 1

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