SCREAM 2 (Wes Craven) / 1997: Neve Campbell, Courtney Cox, David Arquette, Jamie Kennedy, Live Schreiber, Timothy Olyphant, Elise Neal, Jerry O´Connell, Duane Martin, Laurie Metcalf, Lewis Arquette, David Warner, Sarah Michelle Gellar, Rebecca Gayheart, Portia de Rossi, Phillip Pavel, Tim Hillman, Jada Pinkett-Smith, Omar Epps, Joshua Jackson, Tori Spelling, Luke Wilson.

 

   Justo un año después de sorprender a casi todo fan del género con Scream, Craven volvió a triunfar en taquilla, ganándose el favor de crítica y público, con su secuela, que repite (y amplifica) los parámetros de aquella (más asesinatos, más sangre, más sospechosos, más referencias, más cameos, más terror y más sentido del humor), logrando una segunda parte que pierde parte del factor sorpresa original (lo del doble asesino estaba cantado), pero que cuenta con suficientes bondades para convertirse en un filme sobresaliente (la expectación que levantó fue tal que antes del estreno de la película se hizo circular un guión por Internet en el que los asesinos eran Cotton y Hallie, con la intención de distraer a los curiosos).

 

   Ghostface vuelve a sembrar el terror entre los supervivientes de la primera parte (entre los que están Sidney Prescott -Campbell-, cuya presentación -una llamada de un falso asesino, a la postre un compañero de Facultad, desenmascarado por el identificador de llamadas de la chica- nos muestra en que se ha convertido su vida, intentando afrontar ésta de la mejor manera -“Salgo con un buen chico. En apariencia, sin tendencias psicóticas”, le dice a otro personaje en tono sarcástico-; Randy Meeks -Kennedy-, que estudia cine en la misma Facultad en la que Sidney cursa interpretación, y que sigue siendo el nexo entre el espectador cinéfago y la película –esa magnífica conversación sobre las secuelas, analizada más adelante-, además de añadir la necesaria cantidad de ironía –cuando ve a Dewey por primera vez en la Facultad, tras el doble asesinato inicial, exclama: “Nada mejor que un funeral para reunir a la familia”-; Gale Weathers -bellísima Cox, lo mejor del filme-, tan ambiciosa como siempre -en su primera intervención habla por el móvil sobre lo negativo que sería cancelar la película Stab, basada en su libro, que narra lo sucedido en la primera entrega, puesto que los dos asesinatos en el cine el día del estreno podrían suponer una publicidad beneficiosa y un aumento en la recaudación. En otro momento intenta entrevistar a Sidney, apareciendo por sorpresa Cotton Weary, declarado inocente del asesinato de Maureen Prescott gracias a la periodista, con la intención de someterlos a un cara a cara. Lo único que logrará será un nuevo puñetazo de la joven-, pero siempre dispuesta a echar una mano; Dewey Riley -Arquette-, que sufre una visible cojera tras su anterior encuentro con Ghostface; o Cotton Weary -Schreiber, visto en La profecía, John Moore, 2006-, redimido y en busca de su momento de fama que, además, le permita lavar su imagen -y si puede ser al lado de Sid, su antigua enemiga, mejor-), a los que se suma una nueva nómina de posibles víctimas/asesinos (Derek –O´Connell, uno de los jóvenes protagonistas de la magistral Cuenta conmigo, Rob Reiner, 1986, basada en la novela homónima de Stephen King-, el nuevo novio de Sid, demasiado empalagoso; Halley –Neal, correcta-, la compañera de cuarto de Sid en la Facultad, que correrá la misma suerte que Tatum -Rose McGowan-, su predecesora; Mickey -Olyphant, el sheriff Seth Bullock de la serie Deadwood, visto también en The crazies, Breck Eisner, 2010, notable remake de Los crazies: Contaminación demencial, George A. Romero, 1973, y que aquí realiza un papel perturbador e inquietante-, un nuevo miembro del grupo, fanático de James Cameron y Quentin Tarantino; Cici –Gellar, protagonista de la mítica Buffy cazavampiros, y habitual del cine de género, con papeles de importancia en Sé lo que hicisteis el último verano, Jim Gillespie, 1997; El grito, Takashi Shimizu, 2004, y su secuela, El grito 2, ídem, 2006, y El regreso, Asif Kapadia, 2006-, otra estudiante que comparte clase con Mickey y Randy; Debbie Salt -Metcalf, la voz de la madre de Sheldon en La teoría del Big Bang-, la periodista metomentodo que importuna constantemente a Gale; Joel -Martin-, el nuevo cámara de Weathers tras el cese por causas de fuerza mayor del anterior; o el jefe Hartley -Lewis Arquette, padre de David-, máxima autoridad policial de la ciudad), que irán siendo eliminados en su mayor parte a lo largo del metraje, cuya acción se ubica en el Campus en el que estudian Sid y sus amigos.

 

   Una de las cosas que destacaba en la primera entrega era la planificación de los asesinatos, largas set pieces tremendamente elaboradas en los que la tensión iba in crescendo hasta llegar al punto álgido del crimen. En esta secuela sucede algo parecido, estando incluso más trabajadas y siendo más complejas, y resultando fantásticas y estremecedoras. La primera tiene lugar en el cine Rialto. Dos jóvenes estudiantes, Maureen (Pinkett-Smith, esposa del actor Will Smith) y Phil (Epps, el Dr. Eric Foreman de la serie House), asisten al estreno de Stab. Ella, a regañadientes, acepta entrar (incluso argumenta que el cine de terror, históricamente, discrimina a la raza negra. Irónicamente, ellos serán los primeros). El gentío en el interior es ensordecedor (el público en la sala grita, corre por los pasillos –como las criaturas de Gremlins, Joe Dante, 1984, cuando asistían a la proyección de Blancanieves y los 7 enanitos, William Cottrell & David Hand, 1937-), y los asistentes visten disfraces como el de Ghostface, regalo de la productora. La película comienza (al igual que los guiños humorísticos: el filme está rodado en un nuevo formato llamado “stab-o-vision”; las escenas están filmadas por Robert Rodríguez -que no aparece acreditado-; y se afirma que Rose McGowan es una de las espectadoras que asiste a la proyección) tal y como lo hacía Scream (una jovencísima Heather Graham interpreta a Casey Becker), y Maureen decide salir a comprar palomitas. A su regreso, es asustada por Phil, que, a continuación, se dirige al baño. Al entrar, se topa en los urinarios con dos Ghostfaces (el plano resulta inquietante, pues los dos se giran simultáneamente y observan al joven), por lo que se ha de dirigir al retrete, escuchando en el contiguo unas extrañas e inquietantes voces, parecidas a las de un niño implorando perdón a su madre. Al acercar el oído para escuchar, vemos al asesino por primera vez, que clava su puñal con saña en la pared, ensartándolo en la cabeza de Phil, que cae herido de muerte, con un gesto mezcla de sorpresa y pavor. El asesino entra en la sala con la chaqueta de su víctima puesta, sentándose junto a Maureen, que le abraza, manchándose de sangre. Sin tiempo a reponerse, Ghostface aprovecha el alboroto del público y la apuñala. Malherida, se levanta y sale por el pasillo central en dirección a la pantalla, seguida por el asesino, que clava su cuchillo hasta siete veces en el cuerpo de la joven, mientras la gente sigue ignorando lo que sucede (salvo alguno de los presentes, salpicados por la sangre de la víctima). No es hasta el momento en el que la chica se sube a la platea, agonizante y totalmente ensangrentada, cuando el público comienza a darse cuenta de lo que pasa. Maureen cae de rodillas y lanza un grito aterrador, exhalando con su último aliento una bocanada de sangre (en una escena bastante gore) mientras que la gente, ya consciente de que lo que ve es real y no una estratagema publicitaria, observa horrorizada (toda la secuencia es un brillante ejercicio de referencias metacinematográficas, en la que se mezclan realidad –el cine y todo lo que en él sucede- y ficción –la película Stab-, pese a que dicha realidad no sea más que otra ficción, pues se trata de la película que nosotros, los espectadores, vemos en pantalla. Enorme juego de cine dentro del cine). El fundido a negro da paso al título de la película, doblemente sonorizado por el ya característico ruido del cuchillo.

 

   La siguiente víctima de Ghostface será Cici, sola en una de las fraternidades del campus, pues sus compañeros han asistido a una fiesta en otra cercana. Mientras habla por teléfono con una amiga, suena otra llamada, y una voz masculina provoca la confusión de la chica, que piensa que se trata de Ted, su novio. Cuando queda claro que no es él, ella intenta cortar el diálogo. Súbitamente, se produce un cambio en la iluminación (se oscurece) y en la banda sonora (se torna tétrica). “¿Quieres morir esta noche, Cici?”, inquiere la voz, amenazadora. La llamada se corta, quedando desbloqueada nuevamente la conversación con su amiga, a la que cuenta lo que acaba de suceder. Ésta le quita importancia, pero unos ruidos en el primer piso vuelven a sembrar la inquietud. Entonces le recomienda que llame al departamento de seguridad del Campus, pero unas interferencias evitan la comunicación. Una compañera rezagada sale de uno de los cuartos cercanos a la puerta de entrada, provocando el sobresalto de Cici. El teléfono vuelve a sonar, cogiéndolo aquella. “¿Está Cici ahí?”, le preguntan, mientras observamos al asesino colándose sigilosamente por la puerta abierta a espaldas de las chicas, escondiéndose en otro de los cuartos. “Soy Ted”, afirma. La chica le pasa el teléfono a Cici y se va. Ésta saluda a su novio, pero la respuesta es aterradora: “¿Qué más quisieras tú que fuera Ted?”, y repite el consejo recibido de la amiga que se acaba de ir: “No olvides conectar la alarma”, dejando claro que ha oído toda la conversación. Ella cuelga, conectando el sistema de seguridad. La tensión aumenta mientras seguimos oyendo ruidos en el primer piso y la joven camina nerviosa por el enorme recibidor (toda la secuencia retrotrae a Llama un extraño, Fred Walton, 1979). El sonido del teléfono, seguido por la voz de la chica, con un escueto “¿Hola?”, quiebra el denso y sobrecogedor silencio, roto definitivamente con la salida del asesino, que persigue a su futura víctima escaleras arriba mientras ésta le lanza todo tipo de objetos (secuencia parodiada en Scary movie, Keenen Ivory Wayans, 2000 -curiosamente, el título que en un principio fue pensado para Scream-), siendo alcanzada en el desván, donde es lanzada por la ventana de la terraza. El asesino sale tras ella, apuñalándola varias veces y arrojándola al vacío, para concluir con ese gesto ya característico, consistente en limpiar la sangre del cuchillo con la manga del traje.

 

   El siguiente ataque, inmediato al anterior, tendrá por objetivo a Sid y significará el reencuentro de ésta con el asesino enmascarado. Cuando oyen los sonidos de  las sirenas de la policía, los asistentes a la fiesta de la fraternidad anexa (entre los que se encuentran nuestra protagonista, Derek, Halley y Mickey) acuden de inmediato. Sid se queda rezagada al volver al interior a por la chaqueta, mientras su novio la espera en la puerta. Cuando está a punto de salir, el teléfono suena, acudiendo a atender la llamada y escuchando una voz que le resulta familiar: “Hola, Sidney. ¿Te acuerdas de mí?”, a lo que ella responde: “¿Qué quieres?”. “Te quiero a ti. Es hora del espectáculo”, contesta el asesino desafiante. La nueva pregunta de la joven (“¿Porqué no enseñas la cara, maldito cobarde?”) recibe rápida réplica (“Será un placer”), que es seguida con un ataque implacable e inmediato por parte del asesino. Sid esquiva con habilidad el embate, y el cuchillo se clava con fuerza en la puerta de entrada, quedando a escasos centímetros de la cara de Derek, que intentaba forzarla tras escuchar ruido. La pelea continúa y el chico consigue entrar, haciendo huir a Ghostface y persiguiéndolo. De inmediato llega Dewey, que entra en la casa y se encuentra con el joven malherido en el suelo (atención a la cara de Sid cuando entra en la cocina y observa a su pareja con el brazo ensangrentado, comprendiendo que todo ha vuelto a empezar).

 

   Uno de los supervivientes de la primera parte, Randy, es la siguiente víctima de Ghostface, en una secuencia que recuerda en cierta manera a la muerte de John Saxon en Tenebre, Darío Argento, 1982 (ambas tienen lugar a pleno luz del día y en lugares poblados de gente -la de nuestra película en el jardín del campus, la del giallo, en una plaza de Roma-). En primer lugar vemos a Dewey, Joel, Gale y Randy hablando desenfadadamente en un banco. Cuando la conversación deriva hacia los asesinatos cometidos, Joel, visiblemente nervioso, decide irse (en un claro intento de señalar a un falso culpable), y es entonces cuando suena el teléfono de Weathers. Es Randy quien lo coge, y las palabras de Ghostface, al otro lado de la línea, dejan claro que los está observando desde cerca. Dewey le indica al joven que intente entretenerlo mientras él y Gale buscan por el campus, y empieza una batalla psicológica que el asesino tiene ganada de antemano (es él quien observa sin ser visto, quien tiene el arma, y quien domina la posición de su oponente en todo momento), convirtiéndose en un juego del gato y el ratón. En un determinado momento, Randy, nervioso debido a las amenazas y burlas del interlocutor, y caminando sin rumbo fijo (Craven consigue que el espectador se halle tan desconcertado, confuso y perdido como la víctima, moviendo la cámara en todas direcciones, haciéndola girar y cambiándola de posición constantemente), alza la voz, diciéndole a Ghostface que no es más que un simple imitador de dos asesinos fracasados (y muertos). La reacción del enmascarado es inmediata: “¿Qué haces aquí, Randy? Nunca serás el protagonista”, y el chico reacciona saliéndose de sus casillas: “¡Que te follen!”, pero el asesino, viendo la reacción de su contrincante, sabe que ya tiene controlada la partida: “No importa cuánto lo intentes. Nunca serás el héroe y jamás conseguirás a la chica”. Meeks, junto a la furgoneta de Joel, sigue despreciando y humillando a Billy Loomis, diciéndole a Ghostface que si quiere imitar a los grandes (Manson, Bundy, O.J.), no lo haga tomando como modelo a un reprimido por su madre. En ese momento se produce el ataque del enmascarado (es fácil adivinar cuál de los dos asesinos es el autor de esta agresión, viendo la ira y el rencor con los que procede), que abre la puerta de la furgoneta, introduciendo a su víctima dentro y golpeándola con fuerza contra el cristal de una de las puertas, acuchillándola con furia a continuación (es brillante la utilización de los chicos que pasan bailando junto al vehículo con la música rap a todo volumen, amortiguando el sonido de los golpes; y la -compleja, técnicamente- visualización del asesinato desde el espejo retrovisor del automóvil). El siguiente plano muestra al asesino saliendo sigilosamente del furgón. Dewey y Gale, dándose cuenta de que no ven a Randy desde hace rato, regresan y ven roto el cristal del vehículo y un gran charco de sangre, llegando Joel en ese momento. El policía abre la puerta, descubriendo el cadáver de la víctima, mientras la periodista grita aterrorizada.

 

   Ghostface vuelve a intervenir atacando a Gale y a Dewey, que se dirigen a una de las aulas de la universidad para visualizar las grabaciones de Joel, deduciendo que, si el asesino los observa constantemente, podría aparecer en las mismas. Una vez allí, mientras observan las cintas, comienzan a besarse, pero alguien pone en el vídeo imágenes de los protagonistas que no han sido tomadas por el cámara. Dewey alza la vista y ve al asesino en la sala de proyección, y sube las escaleras de la clase hasta llegar allí. Al abrir la puerta, descubre que ya no hay nadie. Entonces Ghostface sale por detrás de Gale, intentando apuñalarla, pero la periodista esquiva el ataque, golpeando al agresor, mientras que Riley tropieza y cae escaleras abajo. La mujer llega a una sala insonorizada, y ve sin ser vista, a través del cristal, al enmascarado entrando en la estancia anexa y dirigiéndose hacia la puerta que los separa, franqueándola. Ella llega a otra habitación, con varios pasillos, consiguiendo despistar al asesino y llegando a otra estancia pegada a la insonorizada, desde la que vigila la puerta, de espaldas al cristal. En ese momento Dewey entra en la habitación aislada acústicamente, viendo a Weathers e intentando llamar su atención, sin éxito. El asesino aparece por su espalda, lanzándolo contra la pared, y el agente, cayéndose, coge el micrófono de la mesa, encendiéndolo y llamando a la mujer. Ésta se gira justo a tiempo para ver como el enmascarado apuñala repetidas veces a Riley, que cae agonizante arrastrándose sobre el cristal ensangrentado, mientras Gale observa impotente desde el otro lado (atención a la cara de Cox, mezcla de terror, impotencia y dolor). Ghostface se lanza de inmediato sobre la puerta de la sala donde está la periodista, reaccionando ésta a tiempo, bloqueando la entrada (el gesto del enmascarado recuerda al que hiciese su homólogo de la primera parte, al intentar entrar en la habitación de Sid). Viendo que no consigue su propósito, vuelve a la habitación insonorizada, lanzando una silla (e incluso abalanzándose él mismo) contra el espejo irrompible. Finalmente huye, dejando a Gale con vida.

 

   Los dos agentes que custodian a Sid serán los siguientes en morir. Ambos llevan a Prescott y a Halley a un lugar seguro para mantenerlas alejadas de Ghostface. El vehículo policial se detiene en un semáforo y el asesino aparece, rompiendo el cristal del conductor, y degollando a éste de un golpe certero. El otro agente sale del vehículo, y el enmascarado le da una patada, golpeando su cabeza varias veces contra la puerta, poniéndose al volante. El policía se levanta y se pone frente al vehículo, pero Ghostface arranca y acelera, llevándoselo por delante y chocando contra todo tipo de obstáculos, con la intención de eliminar al agente, ahora sobre el capó, que intenta dispararle. El vehículo se estrella contra unas tuberías de acero, quedando una de ellas empotrada en la cabeza del policía (pese a esta escena, hay quien sigue diciendo que la violencia del filme es light) y atravesando parte del automóvil. Las dos chicas quedan atrapadas (y en apariencia aisladas) en la parte trasera, pues las puertas de atrás no se abren y las ventanillas están blindadas (recordemos que es un vehículo de escolta), de modo que la única salida es la ventanilla del conductor, y en ese asiento se halla Ghostface, inconsciente debido al golpe (la del acompañante está bloqueada por una pared). Sid rompe la reja metálica que separa las partes anterior y posterior del vehículo, atravesada por la barra de hierro, y se desliza por el pequeño hueco hacia los asientos de adelante. Allí comprueba que el asesino aún respira (ese plano de Sid frente a la máscara pone los pelos de punta), y se desliza lentamente al exterior por la ventanilla, no sin antes tocar el claxon, que rompe estrepitosamente el silencio reinante (más tensión si cabe). Hallie es la siguiente, repitiendo la maniobra de Sid (Craven “regala” a los goreadictos insatisfechos un plano de la cabeza del policía atravesada por la barra) y alcanzando la calle (el director logra dejar sin aliento al público durante esos segundos en que las jóvenes pasan sobre el cuerpo del asesino). Las dos amigas huyen, y cuando todo parece haber acabado, Sid decide volver para comprobar quien se esconde tras la máscara. Los intentos de Hallie por convencerla de que es una estupidez no tienen éxito, así que Prescott camina hasta el coche, comprobando que el asesino ya no se haya en el interior (aquí hay un pequeño fallo, pues es improbable que en el escaso tiempo que emplea en volver, el enmascarado haya tenido tiempo a salir y escapar). Al girarse para avisar a su amiga, ve horrorizada como el asesino sale tras ésta (tras haber dado la vuelta a la manzana en un tiempo record), acuchillándola hasta la muerte.

 

   El desenlace tiene lugar en el teatro de la facultad, a donde Sid llega tras el asesinato de su amiga. La joven se sube al escenario y alguien baja las distintas partes del decorado. Una gran cruz desciende del techo, con Derek atado y amordazado a ella. Sid intenta desatarlo, pero el asesino aparece tras ellos. Al quitarse la máscara descubrimos que es Mickey, que sugiere que Derek es su ayudante, lo que hace que Sidney vacile, momento que aprovecha el psicópata para disparar al chico, acabando con su vida. Aquel dice que su intención es que lo cojan, para tener un juicio televisado que le haga famoso (se compara incluso con O. J. Simpson), acusando a las películas de su demencia (recordemos que él culpaba al cine de terror de los asesinatos cometidos en el cine Rialto en la ya mencionada conversación que tenía lugar en clase sobre las secuelas). También menciona a Billy para burlarse de Sid. Es entonces cuando alguien sube de nuevo la cruz en la que reposa Derek y se abre una de las puertas del decorado, saliendo Gale (Sid piensa por un instante que ella es la otra asesina, observándola con desprecio), y tras ella, con una pistola, Debbie Salt. La frase de Prescott es de las que dejan helado: “¡Señora Loomis!”, ya que, efectivamente, la cómplice es la madre de Billy, convenientemente sometida a los rigores de la cirugía, lo que explica que Gale no la reconociera anteriormente. La asesina esgrime como única razón para justificar sus actos “la pura y genuina venganza.”, prosiguiendo: “Tú mataste a mi hijo y ahora yo te mataré a ti. No puedo pensar en algo que sea más racional”. Mickey es tiroteado por Debbie una vez que aquel se convierte en una molestia (además, piensa culpar a su compinche de lo sucedido), pero Sid la golpea con una botella y tiene lugar una intensa pelea que acaba cuando Cotton aparece con una pistola, apuntando a la señora Loomis, que consigue tomar a su contendiente como rehén, poniendo un cuchillo sobre su cuello e intentando convencer al hombre de que deje que la mate, pues Sid es la culpable de que haya estado entre rejas. Cotton le propone un cara a cara en el programa de Diane Sawyer a la joven, que acepta, y él dispara a la asesina, que cae junto a Prescott al suelo. Gale sobrevive, y Sid remata a Debbie con un disparo en la frente (tal y como hiciese con Billy en Scream). Finalmente, Dewey también consigue salir con vida, (la frase final de Cotton -“De aquí saldrá una película genial”- tampoco tiene desperdicio).

 

   En esta ocasión, las pistas que nos pueden indicar la identidad de los asesinos son inferiores en número a las existentes en la primera parte, pero quizá más claras. Por un lado tenemos a la Sra. Loomis, alias Debbie Salt, que solo se relaciona durante todo el filme con Gale, al hacerse pasar por una periodista local, evitando a Sidney en todo momento (ya que, evidentemente, se conocen, al ser la madre de su fallecido novio). Además, Gale se la encuentra en una cabina telefónica, sola en mitad de la noche, justo después del ataque sufrido por ella y Dewey. Por parte de Mickey, hay una frase que le dice a Halley (“Es el interrogatorio más sencillo de mi carrera criminal”), justo después de ser interrogado por la policía tras el asesinato de Cici, bastante esclarecedora, pese a que puede ser tomada como una broma más.

 

   El tema de las referencias, homenajes y cameos vuelve a ser amplio y extenso, intentando (y consiguiendo) ganarse el favor del fan del género, que vuelve a encontrar decenas de guiños diseminados a lo largo del filme: El primero no tiene que ver con el terror, y consiste en la mención directa que se hace a los Black eyed peas (en v.o.) por parte de Phil (recordemos, Epps) al principio, cuando espera en la cola del cine junto a Maureen; el estreno de Stab tiene lugar en la sala Rialto, que también sale en El juego de Hollywood, Robert Altman, 1991, otro filme que juega con el cine dentro del cine. En Dawson crece, la serie creada por Kevin Williamson, guionista de Scream y Scream 2, el nombre de la sala del pueblo también es Rialto; en la habitación de Sid, cuando ésta aparece por primera vez, podemos ver colgado el suéter a rayas de Freddy Krueger; en la clase sobre cine a la que asiste Randy tiene lugar una interesante conversación sobre las secuelas, después de que éste diga: “Las segundas partes apestan. Por definición, son películas inferiores” (algo que, en un principio, no deja en muy buen lugar a Scream 2). Por su parte, Mickey no está de acuerdo: “Vaya generalización. Muchas segundas partes mejoraron la original”, y Randy bromea: “¿En serio?”. Cici toma parte en la charla: “Nombra una”, al igual que otro alumno: “Aliens: El regreso (James Cameron, 1986), mejor que la primera”, a lo que Cici replica: “Aquí no cuenta el gusto”, hallando respuesta en otro estudiante distinto (interpretado por Joshua Jackson, que junto a Rebecca Gayheart –que hiciese el casting para el papel de Tatum en Scream y aquí se encarga del papel de la Hermana Lois- formó parte del reparto de Leyenda urbana, Jamie Blanks, 1998, otro slasher surgido a rebufo del filme de Craven. Por cierto, Gayheart tiene junto a Portia de Rossi -otra conocida actriz vista en series como Ally McBeal, Arrested development o Nip/Tuck-, la Hermana Murphy, algunas de las mejores frases de toda la película): “No. Aliens: El regreso es un clásico. ´Sepárate de ella, zorra´”. Randy deja muestra de sus conocimientos: “Creo que es: ´Aléjate de ella, zorra´. ¿Es clase de cine, no? Otra”. Mickey afina: “Terminator 2 (James Cameron, 1991)”, pero Cici anda rápida y aguda: “A ti Cameron te la pone dura”, y Randy cede en parte: “Enorme”. El segundo alumno contraataca: “House 2: Aún más alucinante (Steve Miner, 1987)”, y Randy sentencia: “Todo el género de terror fue destruido por las secuelas” (otra lapidaria frase que, en teoría, echa más tierra sobre Scream 2, además, puesta en boca del personaje cinéfilo que sirve de nexo con el público), pero Mickey encuentra un gran ejemplo: “Lo tengo, lo tengo. El padrino parte II (Francis Ford Coppola, 1974)”, que hace que todos, sin excepción, asientan. El profesor concluye la discusión con un nuevo guiño: “La discusión sobre segundas partes… continuará” (o “Sequel´s discussion… to be continued” en v.o.). Y como no podía ser de otra manera, el debate prosigue en la fiesta de la fraternidad, pues Mickey insiste con otro ejemplo: “El imperio contraataca (Irvin Kershner, 1980). Mejor historia, mejores efectos”, y Randy vuelve a poner las cosas en su sitio: “No vale. Forma parte de una trilogía planificada”, excluyendo, de paso, a Scream 2 de su afirmación anterior acerca de las secuelas (Craven y Williamson siempre defendieron que la serie Scream era una trilogía planeada). La discusión concluye con Hallie diciendo: “Me encantan esos bichitos peludos”, y Mickey dando una respuesta antológica: “Los ewoks apestan”; Matthew Lillard “resucita” en la mencionada fiesta (aparece con el pelo largo y rubio, de espaldas a la cámara); Cici charla por teléfono, antes de ser asesinada, con una amiga a la que pone voz la actriz Selma Blair (que imita el mítico “Kill, kill, kill, mom, mom, mom”, símbolo de Viernes 13, Sean S. Cunningham, 1980, y secuelas en boca de Betsy Palmer haciendo el papel de Pamela Vorhees, intentando asustar a Cici), que posteriormente compartiría protagonismo con Gellar en la notable Crueles intenciones, Roger Kumble, 1999, basada libremente en la obra “Las amistades peligrosas”, de Choderlos de Laclos; además, la joven ve Nosferatu: El vampiro, F. W. Murnau, 1922; curiosamente, en Halloween H20, Steve Miner, 1998 (escrita por Williamson) un personaje ve por televisión la secuencia de la muerte de Cici en Scream 2; hablando de Williamson, se le puede ver en un cameo haciéndole una entrevista a Cotton; Craven también tiene un cameo como uno de los doctores que atienden a Derek en el hospital después de haber sido atacado; los dos detectives que custodian a Sid se apellidan Richards y Andrews, en referencia a Kyle Richards y Brian Andrews, los actores que hicieron los papeles de Lindsey y Tommy en La noche de Halloween, John Carpenter, 1978; cuando Randy y Dewey conversan en la cafetería sobre los sospechosos, en una pantalla se emite una entrevista a Tori Spelling, que hace de Sid en Stab (también vemos al actor Luke Wilson en el papel de Billy Loomis), completando la broma que comenzara en la primera parte cuando Prescott afirmaba que, con su suerte, su papel se lo darían a Spelling; las referencias a actores de la mítica serie Friends también son constantes: La primera tiene lugar cuando Randy dice que a él no le interpreta ningún actor conocido, no como a Dewey, cuyo papel realiza David Schwimmer; el chico, en dicha conversación, también expone las reglas de las segundas partes (otro paralelismo con la primera parte), que son: 1ª) El número de muertes siempre es mayor. 2ª) Las escenas de los crímenes son más elaboradas. Más sangre, más gore. La tercera no sale en la película, pues Dewey lo interrumpe antes de que la diga, pero sí en el tráiler (Nunca, nunca asumas que el asesino está muerto); Gale y Joel mantienen un divertido diálogo (“He leído lo que le hicieron a tu último cámara. Lo destriparon”, dice el chico, mientras que la periodista le replica: “En primer lugar, no lo destriparon. Eso me lo inventé. Le rajaron la garganta”), que termina con una reflexión bastante acertada por parte del segundo: “¿Qué coj…? Gale, destripado, rajado. Este tipo ya no está en el gremio. Además, los negros no duran mucho en este tipo de situaciones”, refrendando la discusión de Phil y Maureen al principio del filme; otro cameo es el del mítico David Warner (Cuentos de ultratumba, Kevin Connor, 1973; La profecía, Richard Donner, 1976; Alas en la noche, Arthur Hiller, 1979; Los pasajeros del tiempo, Nicholas Meyer, 1979; Los héroes del tiempo, Terry Gilliam, 1981; Tron, Steven Lisberger, 1982; En compañía de lobos, Neil Jordan, 1984; Waxwork Museo de cera, Anthony Hickox, 1988; En la boca del miedo, John Carpenter, 1995) como el profesor de teatro de Sid (es notable la comparación que realiza entre la joven y la sacerdotisa Cassandra, personaje mitológico griego que pactó el don de la profecía con Apolo a cambio de un encuentro amoroso. Al obtener el poder de la predicción, rechazó al dios, y éste, al verse traicionado, mantuvo su dádiva, pero haciendo que nadie creyera sus vaticinios. Más tarde, cuando anunció la caída de Troya, nadie le hizo caso); otra referencia a un actor de Friends se produce instantes antes de la muerte de Randy. Dewey pregunta sobre Gale: “¿Cuándo empezó a fumar?”, y Meeks contesta: “Desde las fotos desnuda en Internet”. La periodista, ofendida, replica: “Era el cuerpo de Jennifer Aniston”; la voz y la risa de la inmediata llamada de Ghostface recuerdan a las de Freddy Krueger (en v.o.); el asesino le pregunta a Randy algo que nos suena: “¿Cuál es tú película de terror preferida?”, y la respuesta del joven está cargada de ironía: “Showgirls (Paul Verhoeven, 1995). Totalmente aterradora”; en la subsiguiente conversación, Randy menciona toda una retahíla de slashers como 7 mujeres atrapadas, Mark Rosman, 1983, Dormitorio sangriento, Stephen Carpenter & Jeffrey Obrow, 1982 (también conocida en España como La mansión ensangrentada), Universidad salpicada, Richard W. Haines, 1982, Día de graduación, Herb Freed, 1981, o Examen final, Jimmy Huston, 1980; en la secuencia final, Mickey compara a Sid con Linda Hamilton, la Sarah Connor de Terminator, James Cameron, 1984,  y Terminator 2: El juicio final; y, finalmente, cabe señalar los evidentes paralelismos entre Pamela Vorhees, la madre de Jason Vorhees, y la señora Loomis.

 

   Siempre hay quien reniega de Scream y secuelas, dando motivos tales como que si no es original (si nos ponemos extremistas, tampoco lo es, por poner un solo ejemplo, Alien: El octavo pasajero, Ridley Scott, 1979, y si no, que se lo pregunten al Mario Bava de Terror en el espacio, 1965); que si los actores son mediocres (vale, David Arquette sobreactúa desesperantemente, pero el resto cumple perfectamente su cometido); que si la violencia es exigua (el asesino usa un cuchillo, no una motosierra, y en la película se ven apuñalamientos, destripamientos y degollamientos por doquier. Para ver picadoras humanas, es mejor pasarse a Saw, James Wan, 2004, y secuelas); o que si el argumento hace aguas (de acuerdo, como sucede en casi cualquier película de terror: sin salirse de Alien: El octavo pasajero, el extraterrestre que asola la Nostromo es un ser por cuyas venas corre ácido. Pero es que profundizando un poco más, en La noche de Halloween tenemos a un asesino enmascarado que liquida canguros después de fugarse de un hospital psiquiátrico de alta seguridad en el que había sido recluido después de asesinar a su hermana cuando era un niño; en Drácula -versión Browning, Fisher, Badham, Coppola… da igual, pues todas provienen de la misma fuente literaria, obra de Bram Stoker- se trata de un noble inmortal que se dedica a succionar la sangre de las jovencitas incautas que caen presa de su encanto; en La cosa, John Carpenter, 1982, el protagonista es un ser de otro planeta capaz de transformarse en cualquier animal o cosa a la que previamente haya eliminado, imitándolo a la perfección, tanto física como psíquicamente; en La invasión de los ladrones de cuerpos, Don Siegel, 1956 -y remakes-, sucede algo parecido, pero en este caso los extraterrestres sustituyen a sus homónimos humanos después de que éstos caigan en un estado de sueño, creándose un ser idéntico en el interior de una vaina que hace de útero, con la diferencia de que carecen de los sentimientos afines al hombre; en Cromosoma 3, David Cronenberg, 1979, una mujer da a luz –de una manera un tanto peculiar-, con la ayuda de su psiquiatra, a unas pequeñas -y terroríficas- criaturas, que son la personificación de sus frustraciones, miedos y odios, y que eliminan a todo aquel que supone un estorbo… podríamos seguir con miles de ejemplos para llegar a la ya sabida conclusión de que, en efecto, el cine de terror se basa en supuestos totalmente absurdos y carentes de fundamento. Pero lo dicho, el que quiera lógica, que haga sudokus)… todos ellos argumentos carentes de juicio en fans del cine de terror (que demuestran saber más bien poco del género por el que profesan admiración, o, peor aún, carecer por completo de sentido del humor), y fútiles y baladíes en neófitos, incapaces de captar las decenas de referencias y bromas ocultas en el metraje que enriquecen el filme, quedándose para ellos en un simple psychokiller del montón.

 

   En los apartados técnicos, la edición corre a cargo de Patrick Lussier (director de Drácula 2001, 2000; San Valentín sangriento 3D, 2009), y los FX son obra de K.N.B. FX Group. Por otro lado, la banda sonora vuelve a ser creada por Marco Beltrami, mientras que Danny Elfman se encarga del aria de Cassandra.

 

(8,5/6)

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