SAW (James Wan) / 2004: Cary Elwes, Leigh Whannell, Danny Glover, Ken Leung, Michael Emerson, Dina Meyer, Mike Butters, Shawnee Smith, Makenzie Vega, Monica Potter, Ned Bellamy, Alexandra Bokyun Chum, Avner Garbi.


   Adam Faulkner (Whannell, actor y guionista autor de los libretos de la mayoría de películas que James Wan rodó dentro del género del horror, a excepción hecha de Expediente Warren, 2013; y su secuela, The conjuring 2: The Enfield poltergeist, 2016) despierta sumergido en una bañera de un decrépito cuarto de considerables dimensiones. Al salir del agua se descubre encadenado a una tubería y comprueba que no está solo: En la otra esquina de la estancia, igualmente sujeto a otra cañería se encuentra un individuo que dice llamarse Lawrence Gordon (Elwes, siempre recordado por su papel en La princesa prometida, Rob Reiner, 1987, aunque también participara en Drácula de Bram Stoker, Francis Ford Coppola, 1992; Las locas, locas aventuras de Robin Hood, Mel Brooks, 1993; o Saw 7 3D, Kevin Greutert, 2010), y entre ambos yace un cadáver con la cabeza destrozada por una bala supuestamente disparada por la pistola que se encuentra cerca del cuerpo. Una voz que sale de una grabadora propone un juego según el cual Gordon ha de matar a su compañero de encierro en menos de ocho horas, amenazando con eliminar a su familia si incumple el plazo.


   Saw supuso una de las mayores sorpresas en el cine de terror de las dos últimas décadas logrando un considerable éxito de taquilla a nivel mundial, aunque no tanto en cuanto a crítica, que en su mayor parte se mostró poco receptiva a una propuesta de escasísimo presupuesto (1.200.000 dólares aproximadamente) y que se puede tachar de muchas cosas (artificiosa, algo tramposa…), pero a la que no se le puede negar su originalidad y capacidad para entretener y mantener una tensión creciente en una sola localización de la que se sale muy ocasionalmente (en varios flashbacks), lo que además provoca que se cree un clima denso, sombrío y claustrofóbico de lo más logrado, más aún cuando esas localizaciones que también visualizamos a lo largo del metraje son siempre interiores. En ningún momento vemos una calle, edificios, la luz del sol… la única vez que supuestamente estamos en el exterior, en la persecución automovilística, la oscuridad lo envuelve todo, lo que imposibilita que veamos nada alrededor. De hecho, la escena se rodó también en interiores, concretamente en el garaje de uno de los directores. De paso, y de manera involuntaria, Saw es, cronológicamente, la primera película adscrita al torture porn (y digo cronológicamente porque el título que dio origen al término, acuñado en el año 2006 por el crítico norteamericano David Edelstein, fue Hostel, Eli Roth, 2005, añadiéndose luego y con carácter retroactivo el filme de Wan. Este subgénero también es conocido con el nombre de “gorno”, contracción de los términos “gore” y “porno”), algo parcialmente incomprensible, pues no nos encontramos ante una película excesivamente sangrienta. Además, dio origen a la saga de terror más longeva del nuevo milenio, formada por siete entregas (a la que nos ocupa le seguirían Saw 2, Darren Lynn Bousman, 2005; Saw 3, ídem, 2006; Saw 4, ídem, 2007; Saw 5, David Hackl, 2008; Saw 6, Kevin Greutert, 2009, y la ya citada Saw 7 3D, cuyos estrenos se celebraban siempre en Halloween) que prosiguieron la sangrienta senda redentora de Jigsaw.


   Wan consigue que el encierro de los dos personajes en un recinto aislado no llegue a resultar tedioso en ningún momento, haciendo que la trama avance fluidamente gracias a las pinceladas que permiten conocer aspectos acerca de ambos individuos y de las causas de su encierro (la mayoría de esas pinceladas están mostradas en forma de flashbacks que añaden nuevos escenarios y personajes, lo que además sirve para sacarnos de la localización habitual, dando cierto desahogo a la historia. El primero tiene lugar cuando Gordon recuerda que él fue sospechoso de un crimen cometido recientemente, y que el verdadero autor del mismo podría ser el causante del encierro. Aquí descubriremos que Lawrence es médico y conoceremos a los detectives Tapp -Glover- y Sing -Leung-, y la obsesión del primero por Jigsaw. El segundo nos muestra a un vanidoso Gordon dando clases en un hospital y bromeando ante un paciente con cáncer, actitud que reprueba un enfermero llamado Zep -Emerson-. Posteriormente el doctor será llamado a declarar en comisaría, donde conocerá a Amanda -Smith-, la única superviviente, hasta el momento, de uno de los juegos de Jigsaw…) y al descubrimiento paulatino de diversas pistas que parecen aclarar un poco el panorama (la aparición de sendas casettes en los bolsillos de los protagonistas -Gordon encuentra además una bala y una llave- y la consiguiente necesidad de hacerse con la grabadora situada junto al cadáver, que Adam alcanza haciendo una cadena con su camisa y la cadena del tapón de la bañera; el subsiguiente momento en el que se reproducen las cintas, y en el que una voz grave y amenazadora dice que Gordon ha de asesinar a su compañero en un plazo de tiempo determinado, dando entender además que la persona que yace en el cuarto se suicidó al estar su sangre envenenada; el hallazgo de un corazón pintado en el depósito del WC situado junto a Adam, algo sugerido en la grabación, hallándose en el mismo sendas sierras; la caja que Gordon encuentra tras unos azulejos y que contiene un teléfono móvil que solo recibe llamadas, un cigarrillo, un mechero y una nota que sugiere al doctor utilizar la sangre del cadáver para envenenar a su compañero, algo que no hace aún pese al peligro que corre su familia -de hecho intenta engañar al secuestrador simulando la muerte de Adam, en connivencia con éste, intento que fracasa cuando una descarga de corriente sacude la tubería y la cadena que sujeta a este último, electrocutándolo y destapando el ardid-…).


   Evidentemente, uno de los leit motiv de la película son las estremecedoras y sádicas trampas que es capaz de montar Jigsaw para poner a prueba la capacidad de redención de sus presas (trampas que irán ganando en complejidad y en artificio según vayan cayendo los capítulos de la saga, y que son presentadas habitualmente por Billy -aunque en esta primera entrega solo ejerza esa labor en una de ellas-, ese muñeco de lo más siniestro que se desplaza en un triciclo y que expone a los participantes las reglas del juego en el que se ven obligados a participar. La ópera prima de Wan deja al descubierto la obsesión del director por las marionetas, llegando a homenajearse a sí mismo en la segunda de sus películas, Silencio desde el mal, 2007, al bautizar con el nombre de Billy al muñeco protagonista). La primera (sin contar la que envuelve a los protagonistas) es la del hombre (un suicida) atrapado en una minúscula sala de la que tiene que huir atravesando un pasillo repleto de alambres de espino en un tiempo determinado, para llegar a una puerta que se cerrará para siempre si se retrasa. En la segunda, un individuo con la costumbre de hacerse el enfermo tiene su piel cubierta por una sustancia altamente inflamable. Por si fuera poco, un veneno inoculado en su cuerpo está a punto de acabar con su vida. Además, una vela encendida, un suelo repleto de cristales rotos, una caja que esconde el antídoto, y la combinación que abre ésta escrita en unas paredes poco iluminadas, lo que dará como resultado una víctima carbonizada. La siguiente nos servirá para conocer a Amanda, un personaje que cobrará importancia según avance la saga. La mujer, una ex-yonqui, se ha de liberar de un cepo colocado en su cabeza que sujeta su mandíbula. El artefacto posee un temporizador que al llegar a cero activará un resorte que lo abrirá, partiendo en dos el cráneo. Para escapar ha de conseguir la llave que se encuentra en el estómago del cadáver que yace a escasos metros. El problema es que cuando la mujer se dispone a utilizar el cuchillo la víctima despierta, lo que no evita que Amanda clave el arma en el cuerpo una y otra vez, revolviendo en las entrañas hasta encontrar la ganzúa que le salvará la vida.


   La resolución del juego principal, el que atañe a Gordon y a Adam, tiene lugar en el último tercio de película. Aquí es donde Wan se marca un twist (sus detractores dirán trampa o engaño) que se convertirá en habitual en muchas de sus películas y que es lo que las hace especiales. Dependerá de cada espectador y de su implicación en la historia que le están contando que se trague el señuelo de buena gana o lo rechace. La tormenta definitiva se desata cuando el doctor descubre que su esposa e hija están secuestradas, algo que sucede cuando Adam le enseña una foto de ellas que cogió de su cartera y en la que está escrito lo que sucederá si aquel no cumple su misión. Un montaje paralelo muestra a Alison (Potter) y Diana Gordon (Vega) amordazadas y maniatadas en uno de los dormitorios de su casa, mientras Zep (el enfermero que viéramos fugazmente en el hospital tiempo atrás) les apunta con una pistola. Tras una pelea muy poco creíble en la que la mujer se apodera de la pistola del secuestrador y logra huir junto a su hija, vemos como su captor, después de deshacerse de Tapp y electrocutar a Gordon, se dirige al almacén abandonado en el que se encuentran éste y Adam. El doctor, que antes de caer inconsciente escucha el tiroteo que se desata en su casa entre Tapp y Zep, recibe la llamada de su esposa, pero el teléfono, caído al sufrir la descarga, permanece a una distancia inalcanzable. La angustia y la locura se apoderan de Gordon (“Mi familia me necesita”, grita desesperado), que coge una de las sierras encontradas por Adam e intenta cortar la cadena en vano, quitándose entonces su camisa y haciéndose un torniquete por debajo de la rodilla. Su compañero, que comprende la opción elegida por el doctor, se desgañita intentando hacerlo entrar en razón, y Wan nos zambulle en una situación de total histerismo. El gore no comparece (de hecho no vemos prácticamente nada de la automutilación), pero los aullidos de uno y otro provocan nerviosismo y desazón. Gordon recoge la pistola situada junto al cadáver y pide perdón por lo que va a hacer a Adam, que ruega y pide clemencia antes de ser abatido (queda la duda de porqué no se introduce en la bañera, lo que le dejaría fuera de tiro). Zep llega casi a continuación y pega un par de patadas al cuerpo de la nueva víctima, que se revuelve de forma sorpresiva, derribando al secuestrador y machacando su cabeza con la tapa del depósito del WC (la elipsis vuelve a ser la opción elegida por Wan, que muestra la cara de Adam salpicándose de sangre a cada golpe). Un desfallecido Gordon, cuyo rostro mortecino refleja la tremenda hemorragia que le desangra, se acerca a su compañero (ahora descubrimos que le ha disparado a un hombro) y le dice que va a buscar ayuda, saliendo penosamente de la estancia.


   Adam rebusca entre las pertenencias de Zep, encontrando una grabadora que pone en marcha. La voz de Jigsaw da el giro definitivo a la historia, convirtiendo al enfermero en otra víctima del verdadero asesino, pues su sangre es la que realmente está contaminada por un veneno que le corroe lentamente. Su misión: Acabar con la vida de Alison y Diana Gordon. La cámara gira lentamente alrededor de un Adam atónito, que parece incapaz de procesar toda la información recibida mientras observa fijamente el aparato que escupe las palabras de Jigsaw (el score de Charlie Clouser, autor de las partituras de toda la saga, es excepcional, añadiendo desasosiego, emoción e incluso cierta épica al momento). Finalmente se detiene, mostrando en primer término a Adam, mientras al fondo alguien se incorpora y se pone de rodillas. La cabeza destrozada, la ropa interior, la camiseta ensangrentada… el supuesto cadáver no es tal. Lentamente parece despertar y aclimatarse a la luz del cuarto, mientras se arranca la prótesis que simulaba la herida de bala de su cabeza, ante la mirada alucinada de su acompañante. Su imagen alzándose, elevando su imponente figura hasta ponerse erguido mientras toma aire, recupera el aliento y vuelve a la vida resulta poderosa y está llena de fuerza y vigor. Su primer gesto es señalar la bañera para indicar a Adam que la llave que le podría liberar de su cautiverio está allí. El joven se da cuenta de que al despertarse abrió el desagüe, haciendo que el agua se llevase consigo su última esperanza. Su reacción desesperada es coger la pistola de Zep e intentar disparar a Jigsaw, pero éste, mucho más rápido, utiliza un mando oculto para electrocutarlo. El asesino apaga la luz y se dirige hacia el portón de entrada, mientras Adam comienza a gritar al darse cuenta del trágico destino que le espera. La hoja se mueve sumiendo la sala en la oscuridad absoluta, mientras el enfermo exclama: “Fin del juego” (impresionante la voz de Tobin Bell en la versión original, y estremecedor su “Game over”) y su nueva víctima grita presa de un terror indescriptible e inimaginable: Aquel provocado por la soledad acompañada de las tinieblas y del saberse ilocalizable, aquel que lleva a la inanición, a la deshidratación, a la locura, a una agonía indescriptible y, finalmente, a la muerte.


(6,5/4)

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