SÉ LO QUE HICÍSTEIS EL ÚLTIMO VERANO (Jim Gillespie) / 1997: Jennifer Love Hewitt, Sarah Michelle Gellar, Ryan Phillippe, Freddie Prinze Jr., Bridgette Wilson, Anne Heche, Johnny Galecky, Muse Watson Stuart Greer.


   Cuatro amigos (dos parejas formadas por Julie –Hewitt- y Barry –Prinze Jr.- por un lado y Helen –Gellar- y Ray –Phillippe- por otro) atropellan a un hombre tras una noche de celebración al acabar su último año de instituto. La soledad del lugar donde acontece el accidente favorece la idea de ocultar lo que ha pasado con el fin de no poner en peligro el futuro académico de los jóvenes, que se deshacen del cuerpo, lanzándolo al mar. Un año después, los chicos irán recibiendo amenazas que se tornan cada vez más agresivas y que hacen indicar que alguien más vio lo que sucedió aquella noche.


   Kevin Williamson, un guionista que a finales de los 90 parecía tocado por una varita mágica, pues había sido uno de los causantes del resurgir del género de terror gracias a sus guiones para Scream, Wes Craven, 1996 y Scream 2, ídem, 1997, partió de una novela de Lois Duncan, titulada igual que el filme y escrita en el año 1973, con el claro objetivo de volver a repetir el éxito de crítica y público de las dos películas mencionadas, lográndolo tan solo en parte. Si bien recaudó lo suficiente (125 millones de $ a nivel mundial) como para provocar el rodaje de una (inferior) secuela (Aún sé lo que hicisteis el último verano, Danny Cannon, 1998), donde patinó realmente fue en la parte crítica: Los actores son limitados (Hewitt y Gellar no pasan de ser auténticas bellezas que no hacen más que gritar y correr ante las cámaras con camisetas ajustadas mientras son perseguidas por el hombre del garfio –aunque ambas acabaron protagonizando series de éxito relacionadas con el género: Entre fantasmas la primera y Buffy cazavampiros la segunda-, mientras que Phillippe y Prinze se limitan a lucir sus músculos en pantalla); la historia carece de la garra, el sentido del humor, la ironía, y el juego metacinematográfico y referencial de la trilogía dirigida por Wes Craven (algo que se puede achacar a las limitaciones que supone el ser una adaptación de un libro); y, obviamente, Ben Willis (Watson) no posee el carisma de Ghostface, a lo que se suma el hecho de que la identidad del asesino no permite jugar al típico whodunit, y que las set pieces que conforman los asesinatos carecen de la fuerza y la tensión que si tienen en la saga mencionada (la excepción que confirma la regla se produce en el asedio a Helen, que comienza en el momento en que es escoltada por un detective tras la muerte de Ray. Un coche averiado hará que el vehículo policial se detenga y que el agente acuda a ayudar al conductor, que no es otro que Ben Willis, que acaba con su vida. La chica huye a pie a la tienda de su hermana -Wilson-, que es asesinada por el pescador cuando acude a cerrar la puerta trasera. La acción se vuelve a centrar en Helen, que pasa entre unos maniquíes que nos traen a la memoria a Argento, Bava y otros muchos maestros del giallo, siendo atacada por el psicópata, escondido entre ellos. La joven logra zafarse nuevamente, huyendo en un montacargas que se eleva manualmente –la tensión aumenta, pues el acceso a la manivela la deja muy cerca del garfio del asesino-, para llegar al sótano, donde parece verse atrapada. Decide entonces saltar por la ventana, cayendo sobre unas bolsas de basura. Su huída culmina en un callejón -el mismo que se utilizó para el rodaje del asesinato del policía, pero con un sutil cambio de decorado para engañar al espectador-, en el que observa, al final del mismo, el desfile de la fiesta del pueblo. Cuando la salvación parece inminente, el asesino emerge de entre unos neumáticos, golpeando salvajemente con su garfio a la chica, cuyos gritos se ven apagados por el tumulto cercano de la cabalgata).


   Todo lo anterior puede hacer pensar que nos encontramos ante un filme mediocre, lo cual no se ajusta, ni mucho menos, a la realidad: Gillespie demuestra que sabe lo que hace con una cámara (el plano aéreo de apertura, que nos muestra el amenazador aspecto de las olas rompiendo sobre los acantilados en la noche, y que sigue la carretera donde acontecerá el atropello hasta llegar al lugar dónde se encuentra un joven sentado al borde del abismo, es magistral –el helicóptero desde el que se rodó estuvo a punto de estrellarse contra las rocas-; al igual que el elegante travelling que va desde lo alto de un poste en el que un chico coloca banderolas de adorno, hasta la carretera, deteniéndose ante un coche que pasa ante la cámara y otro que se para ante ella; o el plano que nos muestra las escaleras del piso de Helen: a la izquierda vemos como la chica se acerca a las mismas desde el pasillo mientras que a la derecha vemos al asesino ascendiendo por los peldaños y desapareciendo tras una puerta en el preciso momento en el que la joven se gira para empezar a subir), utilizando incluso imágenes metafóricas (el barco varado en la playa, donde los chicos disfrutan sus últimas horas juntos, que simboliza lo que pasará con sus vidas poco después) y rodando algún momento dramático convincente (la única escena que permite el lucimiento de las chicas, que tiene lugar un año después del accidente, en la que Helen le dice a Julie: “Éramos íntimas amigas”, a lo que ésta responde: “Éramos tantas cosas”. La mirada de ambas denota la amargura y tristeza de sus personajes tras la decisión –ahora ya, a todas luces equivocada- tomada, y como la misma ha influido de manera extremadamente negativa en sus vidas). La tensión también es palpable en todo el capítulo que acontece en casa de Missy, la hermana de David Egan (el chico visto al principio en el acantilado, cuya historia cobra importancia a medida que avanza la película), interpretada por una inquietante Heche, que vive en una casa que parece sacada de La matanza de Texas, Tobe Hooper, 1974.


   Finalmente, citar la aparición de Johnny Galecky (que da vida a Leonard en La teoría del big bang, una de las mejores comedias de la actualidad) como una de las víctimas de Ben Willis; la utilización de una banda sonora bastante acertada, obra de John Debney, con un uso más que atinado de la percusión en los momentos más aterradores; y el rodaje de un final sorpresa poco apropiado si se pretendía contar con Hewitt para la secuela, que obligó a los guionistas de la misma a estrujarse las neuronas para justificar esa aparición final del pescador abalanzándose sobre Julie en las duchas.


(6,5/3)

CARÁTULAS Y POSTERS

TRAILER USA 1

 

TRAILER USA 1

(V.O.S.E.)

 COMENTARIOS

Escribir comentario

Comentarios: 0

PELÍCULAS EN LA WEB

Ciencia Ficción:        21

Terror:                  279

Fantasía:                  0

TOTAL:                     300

CARÁTULAS Y

POSTERS:            17560