SÉ LO QUE HICÍSTEIS EL ÚLTIMO VERANO 3 (Sylvain White) / 2006: Brooke Nevin, David Paetkau, Torrey DeVitto, Ben Easter, Seth Packard, K.C. Clyde, Clayton Taylor, Michael Flynn, Britt Leary, Star LaPoint, Don Shanks.

 

   Cuatro jóvenes gastan una broma a varios amigos, consistente en fingir un ataque del asesino Ben Willis… en una feria atestada de gente. El caso es que el asunto sale mal (evidentemente) y concluye con la muerte de uno de los chavales. Como no podía ser de otra forma, los chicos se conjuran para que el secreto de la autoría de los hechos no se conozca jamás, pero con lo que no cuentan es con que sí que existe un testigo (algo evidente y que no deja muchas dudas sobre las escasas luces de la troupe, pues, como ya hemos dicho, la simpática chanza tiene lugar en una fiesta repleta de personas), que comenzará a eliminar a todo aquel que tuvo algo que ver con la muerte del joven.

 

   Leyendo las líneas anteriores se podría decir que el filme que nos ocupa es más un remake del original dirigido por Jamie Blanks que una secuela propiamente dicha, pues copia con total descaro y desvergüenza muchos de los momentos de Sé lo que hicisteis el último verano (la escena en el coche entre Zoe -DeVitto- y Amber -Nevin-, con ésta preguntándole a la primera “¿Qué nos está pasando?”; la palabra “soon” escrita en un espejo, aquí con papel de periódico y en la primera parte con sangre; las notas que el asesino les va dejando a sus víctimas a lo largo del metraje; las similitudes entre el personaje de Lance -Easter- aquí y Max -Johnny Galecky- en la anterior, como enamorados de la protagonista; el asesinato de Zoe en esta secuela y el de Helen Shivers -Sarah Michelle Gellar- en la original: la primera muere después de dar su concierto de rock en un escenario ante una muchedumbre, tras ser perseguida a lo largo y ancho del backstage, mientras que la segunda es asesinada, también tras una larga persecución, cuando acaba su desfile como reina de las fiestas ante todo el pueblo…), pero sin la gracia y la tensión de ésta, y con una laxitud y precariedad que causan la vergüenza ajena en múltiples ocasiones (la broma inicial, con un supuesto asesino irrumpiendo entre cientos de personas sin que nadie haga nada. El final de la escena, con el chico siendo perseguido mientras huye en monopatín por una azotea, lanzándose al vacío sobre unas colchonetas preparadas para la faena que han sido convenientemente apartadas por alguien, es completamente delirante -el joven queda empalado por una tubería que pasaba por allí, así que se puede llegar a la conclusión de que quizá nadie ha quitado las colchonetas, sino que la víctima es tan estúpida que confunde el sitio por el que se ha de arrojar-; la nota “amenazante” que uno de los chicos le deja al sheriff en su vehículo, pensando que éste puede ser el asesino, pidiéndole educadamente que reconsidere su postura; la escena en la que Zoe despierta y se encuentra el sofá y los cojines sobre los que yace completamente despedazados, sin enterarse de lo que ha pasado; la muerte de ésta, siendo atacada en su camerino y emprendiendo la huída con dos de sus amigos por un laberinto de taquillas más grande que el de El resplandor, Stanley Kubrick, 1980: En un plano está con ellos y en el siguiente ya se han separado sin explicación alguna; el irracional hecho de que el cadáver de Zoe se encuentre en el coche de uno de los agentes, siendo éste consciente de ello; el momento en el que Amber decide, porque ella lo vale, ir a la caza del asesino, ya revelado como un ser sobrenatural y prácticamente invencible; ésta diciéndole a un detective: “No le vi la cara, pero no es de por aquí”. ¿Cómo lo sabe, sino le ha visto el rostro?; o el lamentable final sorpresa, con la protagonista circulando con su todoterreno por Nevada, a cientos de kilómetros del pueblo donde acontecieron los hechos, sufriendo un pinchazo en pleno desierto y apareciéndose el pescador tras ella) debido a un guión inexistente y a la labor de unos actores a los que solo se les puede calificar de lamentables (Nevin es la única medianamente salvable, aunque también nos encontramos a unos pésimos Paetkau -el chico cuyo ojo era atravesado por una escalera de incendios en Destino final 2, David R. Ellis, 2003-, DeVitto o Easter, entre otros). Su giro final, en el que descubrimos que el asesino es… el fantasma de Ben Willis, el pescador del garfio de las dos anteriores entregas (así se explica que el psicópata de turno -interpretado por Don Shanks, que sustituye al mucho más carismático y terrorífico Muse Watson, y cuyo mayor mérito consiste en haber dado vida a Michael Myers en Halloween 5: La venganza de Michael Myers, Dominique Othenin-Girard, 1989- aparezca y desaparezca y se pueda desvanecer o teletransportar, tal y como explica el director en los comentarios del DVD -“…el asesino es un fantasma, un ser sobrenatural, y puede hacer lo que quiera”- sin ruborizarse lo más mínimo... Imaginárselo tecleando y enviando cincuenta veces el mensaje “Sé lo que hicisteis el último verano” al móvil de la protagonista provoca que se le pierda cualquier consideración o respeto), termina por hundir en el lodo de la incompetencia y el absurdo a este slasher irredimible.

 

(3/3)

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