MAQUINISTA, EL (Brad Anderson) / 2004: Christian Bale, Jennifer Jason Leigh, Aitana Sanchez-Gijón, John Sharian, Michael Ironside, Larry Gilliard Jr., Reg E. Cathey, Anna Massey, Matthew Romero Moore.

 

   La segunda película de género (la primera fue la muy válida Session 9, 2002) de Anderson es un angustioso thriller con momentos ciertamente terroríficos en el que un cadavérico Christian Bale (atención a su aspecto físico, que comienza con una delgadez extrema y se acentúa hasta el límite según avanza el relato y crece su angustia existencial y su sensación de culpabilidad) sufre las consecuencias (absoluta desnutrición, insomnio, cansancio, alucinaciones…) de un accidente en el que atropelló a un niño y se dio a la fuga. El director no pretende que juzguemos al protagonista (no se nos cuenta nada de su pasado, y su comportamiento con sus compañeros de trabajo –al principio- y con las mujeres del relato nos hacen ver que se trataba de una buena persona, con lo que, pese a lo reprobable de su conducta, consigue que empaticemos con él –debido también al increíble trabajo de Bale-), sino que lo que realmente intenta es realizar una elaborada (algunos dicen pretenciosa) disección sobre el sentimiento de culpa (ese juego del ahorcado que aparece en la nevera –y en la mente- del protagonista y se va completando hasta formar la palabra “killer”) y la fatalidad, narrándonos el via crucis que sufre Trevor Reznik (Bale) con su particular descenso a los infiernos de la locura (nuestro protagonista crea un universo paralelo con personajes sacados de su imaginación –Ivan, interpretado por un enigmático e irónico Sharian, que resulta ser su alter ego- o que conoce y adapta a su mundo irreal –Marie / Sánchez-Gijón, la madre de Nicholas / Romero Moore, el niño fallecido, a la que transforma en la camarera del aeropuerto que visita todas las noches y de la que se enamora-). También se plantea la posibilidad de elegir siempre entre dos caminos: el correcto y el equivocado (situación que se esboza alegóricamente en el viaje por el pasaje del terror que empieza siendo un paseo de niños y se acaba convirtiendo en una terrorífica metáfora de la mente perturbada de Reznik, y de forma real en su huida por la autopista, con ese desvío que le puede llevar a perpetuar su sufrimiento prolongando su escapada –el aeropuerto- u optando por el camino hacia la ciudad, y por ende, a la comisaría) y, finalmente, el tema de la redención (Trevor solo consigue vencer a la vigilia cuando opta por confesar su crimen).

 

   Señalar también las influencias de Alfred Hitchcock en la película, tanto a nivel argumental (el uso del suspense y la necesidad de que el espectador se involucre en la trama), como técnico (fascinante fotografía de Xavi Giménez) o sonoro (el score de Roque Baños homenajea en varios momentos la partitura de Bernard Herrmann para Psicosis, 1960), que el guión es obra de uno de los nuevos gurús del género (Scott Kosar, autor de los libretos de la genial La matanza de Texas 2004, Marcus Nispel, 2003 y de la efectista La morada del miedo, Andrew Douglas, 2005), y que la búsqueda de escenarios (obra de Alain Bainee) fue extremadamente acertada a la hora de contribuir a la atmósfera opresiva que impregna todo el metraje.

 

7,5/2 

CARÁTULAS Y POSTERS

TRAILER USA 1

TRAILER ESPAÑA 1

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