HERMANDAD DE SANGRE (Stewart Hendler) / 2009: Briana Evigan, Leah Pipes, Rumer Willis, Jamie Chung, Margo Harshman, Audrina Patridge, Matt O´Leary, Julian Morris, Caroline D´Amore, Matt Lanter, Maxx Hennard, Carrie Fisher, Ken Bolden, Rick Applegate, Nikki Moore, Deja Kreutzberg.

 

   Seis chicas de la Hermandad Theta Pi gastan una inocentada al novio de una de ellas por serle infiel a ésta. Como no podía ser de otra forma, la broma sale mal y una de las jóvenes fallece. El resto de las presentes decide ocultar el cadáver y fingir que no han tenido nada que ver con la desaparición de su amiga con el fin de no poner en riesgo su futuro, pero ocho meses después un mensaje incriminatorio llega al móvil de cada una de ellas, quienes en un principio deciden tomarse el asunto a broma. Entonces, una a una comienzan a ser asesinadas, y será cuando consideren la posibilidad de que alguien esté llevando a cabo una venganza por lo sucedido tiempo atrás.

 

   Trece años después de que Scream, Wes Craven, 1996, batiese todos los records de taquilla y sacase al género de terror del estado de letargo en el que se hallaba sumido, aún seguían llegando productos que explotaban su ya manida fórmula. Si bien Hermandad de sangre (que tiene en su reparto a Carrie Fisher, la eterna Princesa Leia, quien también contaba con un pequeño papel en Scream 3, Wes Craven, 2000) está claramente influenciada por la película citada, su inspiración más directa es, sin duda, Sé lo que hicisteis el último verano, Jim Gillespie, 1997, el primero de los slashers que surgió a raíz del éxito de Scream, escrito, como éste, por Kevin Williamson, el gurú del subgénero en aquella época (y que años después también se encargaría del libreto de The following, una de las series más entretenidas, incoherentes, divertidas y disparatadas de los últimos tiempos). La historia de un grupo de jóvenes que comprometen su brillante futuro a causa de una temeridad que llega demasiado lejos y que, en apariencia, le cuesta la vida a un inocente, decidiendo el resto deshacerse del cuerpo e ignorar lo sucedido con la vana esperanza de que sus vidas recobren el brillo perdido en un abrir y cerrar de ojos, se volvía a repetir en el filme de Hendler, que se constituye, además, como un remake de la superior 7 mujeres atrapadas, Mark Rosman, 1983, uno de los mejores slashers de los ochenta. 

 

   Hermandad de sangre hereda solo una parte de los aciertos del filme pretérito. Por un lado, todo lo referente a la macabra broma que las chicas le gastan a Garret (O´Leary), está narrado de forma correcta y coherente, salvo algún aspecto puntual. La inocentada comienza en la hermandad del título original. Megan (Patridge) permanece en su habitación con su chico, mientras las cinco jóvenes restantes observan la escena en un ordenador al que llegan las imágenes desde una cámara oculta. Cuando se besan, la chica vomita y comienza a sufrir convulsiones, hasta quedar inconsciente. Su novio sale en busca de ayuda y se encuentra al resto del grupo, que continúa su puesta en escena. Ya en un coche, y de camino al hospital, comprueban que la joven no tiene pulso, y con la oposición de Garret, toman la decisión de deshacerse del cadáver para que no los incriminen. Así, se dirigen a un pozo de una mina abandonada, y allí Jessica (Pipes), la cabecilla, propone descuartizar el cuerpo para evitar que flote. El chico vomita y el resto de las chicas, a excepción de Cass (Evigan), sonríen divertidas. Garret, coge una llave de cruz y la clava en el pecho de su novia, según él, para extraer el aire de los pulmones. La joven grita y sufre varios espasmos, antes de morir, estaba vez sí, definitivamente (la reacción del muchacho es ridícula, pues solo acierta a repetir es “Ya no tiene aire en los pulmones” pese a que Megan aún sigue con vida).

 

   La primera en reaccionar es la manipuladora Jessica, que intenta llevar a sus amigas a su terreno, tratando de convencerlas de que lo mejor es deshacerse del cuerpo y actuar como si nada hubiera pasado, con el fin de salvaguardar su brillante porvenir como esposa del hijo de uno de los más influyentes senadores del gobierno. Evidentemente, esto último lo omite de su argumento, y utiliza la enfermedad cardiaca del padre de Claire (Chung), la beca de Ellie o la posibilidad de que Garret sea culpado de asesinato (algo que también afecta a Chugs -Harshman-, pues son hermanos), para ganar adeptos a su causa, utilizando un discurso tan maniqueísta como tramposo (en el colmo de la hipocresía, llegará a soltar: “No puedo evitar pensar qué querría yo si estuviera ahí tumbada. Sé que no querría que arruinarais vuestras vidas por algo que no se puede cambiar. Porque yo os quiero mucho a todas”), que acabará calando hondo, pues Chugs solicita una votación. Cass, ante el cariz que toma la situación, y viendo que tanto Claire como Ellie (Willis, la hija de Bruce Willis) callan y otorgan, coge su teléfono y marca el número de la policía, comprobando que no hay cobertura. Es Ellie la que muestra un último signo de arrepentimiento que no impide que el cadáver sea arrojado al pozo. Cuando Cass vuelve sin haber podido realizar la llamada, observa que el cadáver ya no está y Jessica toma la palabra (“Tranquila, al menos no tendrá frío. La envolvimos en tu chaqueta y estamos de acuerdo. No diremos lo que hiciste”) mientras el resto miran hacia el suelo, avergonzadas. La joven, sorprendida, solo acierta a preguntar: “¿Lo que hice?”, y Chugs, alzando la vista, contesta: “Cómo la mataste con la llave”. Claire asiente y se une al coro acusador: “Somos hermanas. Te protegeremos, cuenta con nosotras”. El grupo de arpías traidoras, a las que se une Ellie, dejan a su amiga en soledad ante el pozo, y la única inocente se torna culpable gracias a los tejemanejes de sus supuestas amigas. El aislamiento de la joven queda reflejado en ese plano en el que observamos su silueta recortándose ante la negrura de la noche, junto al foso por el que acaba de ser lanzada su amiga. Sin duda, nos encontramos ante el mejor momento del filme, aunque cabe señalar que Cass no tiene excusa para no denunciar lo sucedido, pues no son sus huellas las que se hallan en la llave.

 

   A partir de ahí, el esquema típico del subgénero, con las hermanas y algún que otro incauto siendo eliminados de maneras más o menos creativas (Chugs es asesinada en el diván de su psicólogo, mientras bebe alcohol. El asesino se pone a su lado y empuja la botella con violencia, empotrándola en la boca de la chica. Luego raja el cuello de la víctima con la llave y la sangre se mezcla con la bebida que aún queda en el recipiente; otra chica de la fraternidad muere en la típica escena de ducha, tras oír a Jessica confesar el crimen. El asesino la empuja contra la pared y atraviesa su cabeza desde la barbilla con el arma, viéndose el filo de ésta a través de la boca entreabierta; la pierna de Mickey es destrozada de un brutal golpe instantes antes de que su cuello sea seccionado por la llave de cruz; una bengala disparada por el encapuchado entra por la boca de Claire, abrasando su rostro; mientras que la cuchilla del arma vuelve a intervenir para espetar la testa de la insufrible Jessica contra una pared; y finalmente Andy -Morris, a la postre el asesino, con uno de los argumentos para cometer sus crímenes más peregrinos de los últimos tiempos- se precipita al sótano en llamas de la hermandad); algún golpe de humor afortunado (casi siempre atribuibles a la tan insoportable como simpática Jessica: “¡Dios mío! Es Megan. Está hecha un asco”, espetará cuando ella y Cass encuentran el cadáver de su amiga. Poco después, cuando Kyle -Lanter-, su novio, rompe a hachazos la puerta del cuarto en el que se oculta -en un plano que homenajea a El resplandor, Stanley Kubrick, 1980-, exclamará: “Quizá no sea un buen marido”); una retahíla de desnudos sorprendente en esta última generación del slasher (era difícil que el subgénero se volviera más conservador de lo que lo era en los ochenta, pero lo consiguió); y una resolución tan rebuscada como poco afortunada, dando forma todo ello a una película que no innova en absoluto, pero que se deja ver si nuestro único y legítimo fin es el entretenimiento.

 

(6/3)

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