HELLRAISER 4: BLOODLINE (Alan Smithee) / 1996: Bruce Ramsay, Valentina Vargas, Doug Bradley, Christine Harnos, Charlotte Chatton, Adam Scott, Kim Myers, Mickey Cottrell, Louis Turenne, Courtland Mead, Louis Mustillo, Jody St. Michael, Paul Perri, Pat Skipper, Wren T. Brown, Tom Dugan.

 

   Año 2127. El Dr. Paul Merchant (Ramsay), prepara una inmensa trampa a bordo de su nave espacial que, según sus cálculos, le “permitirá capturar el mismísimo infierno”, eliminando a Pinhead (Bradley dando vida a su rol más destacado por cuarta vez), el cenobita supremo. Justo antes de poner en marcha su plan es capturado por un grupo militar. Cuando es interrogado por la soldado Rimmer (Harnos) con la intención de conocer sus intenciones, Merchant le propone un trato: contarle su historia y la de sus antepasados, entre los que se encuentra Phillip L´Merchant (Ramsay de nuevo), el juguetero que creó la configuración de los lamentos allá por el siglo XVIII, a cambio de que lo deje acabar el proceso que acaba de ser interrumpido.

 

   Cinco años antes de que Jason Vorhees viajase al espacio para seguir con su noble empeño de pasarse por la túrmix a todo teenager salido y descerebrado que se cruza en su camino en la muy psicotrónica (y sí, divertida) Jason X, James Isaac, 2001, nuestro amigo Pinhead protagonizó su propia aventura interestelar en una producción plagada de problemas de todo tipo, de los cuales el más importante fue el abandono del director Kevin Yagher (el que fuera diseñador y creador de Chucky, el muñeco diabólico) cuando, justo antes de que la película fuese estrenada en salas comerciales (se trata de la última entrega vista en cines), la productora Miramax decidió eliminar varias escenas del montaje definitivo. Sería Joe Chapelle (director de Halloween 6: La maldición de Michael Myers, 1995; y Phantoms, 1998) el encargado de rodar el metraje adicional necesario para mantener la coherencia del filme, aunque no aparezca acreditado en el mismo. Como realizador del filme figura el socorrido Alan Smithee, seudónimo utilizado por aquellos realizadores que se niegan a firmar su trabajo al estar en desacuerdo con los aspectos que rodean al resultado final del mismo.

 

   Pese a todos esos problemas, Hellraiser 4: Bloodline es una de las secuelas más dignas y entretenidas de toda la saga, con Pinhead persiguiendo (y eliminando) a través de los siglos al Merchant que fabricara la configuración de los lamentos y a su estirpe. Yagher consigue imprimir carácter y garra a la ceremonia de invocación que tiene lugar en el castillo de L´Isle (Cottrell). Primero asistiremos al asesinato de la joven (Vargas) a la que seduce el anciano, fanático del ocultismo y de la magia negra, y a la que éste, una vez muerta, vacía por completo (operación mostrada en las sombras que se reflejan en la pared y que, pese a la ausencia de sangre, resulta estremecedora). Luego su piel será cuidadosamente colgada de unos ganchos y asistimos al rito que culmina con el renacimiento de un demonio que toma forma en el cuerpo de la mujer sacrificada y que recibe el nombre de Angelique. Ésta acabará con L´Isle, con Merchant y con Jacques (Scott), el aprendiz del primero, al que arranca parte de una mejilla de un mordisco y luego extrae el corazón tras atravesarle el pecho de un puñetazo.

 

   La persecución continúa en el presente. A la maligna mujer se une un Pinhead ansioso por acabar con la única persona que supone una amenaza para él y que no duda en eliminar a todo aquel que osa interponerse en su camino (los dos guardas de seguridad cuyas cabezas son unidas a la fuerza por un mecanismo que funde carne, huesos y músculos de forma grotesca), convirtiéndolo posteriormente en uno de sus acólitos. Al final logrará su propósito, al menos parcialmente, pues acaba con John Merchant (el cuello de éste es atravesado por una cadena finalizada en un filo que se abre en dos cuchillas laterales, las cuales, al retroceder, lo seccionan por completo, segando, de paso, la cabeza), pero no con su hijo, quien prolonga el linaje de los Merchant.

 

   De nuevo en el 2127, Pinhead, invocado por su némesis, acaba con todos los compañeros de Rimmer (especialmente sangrienta resulta la muerte del hombre cuya piel es arrancada por los ganchos invocados por Pinhead y cuyo cráneo es luego atravesado por la coronilla con un garfio), aunque finalmente es engañado por los dos protagonistas, que huyen en una pequeña nave dejándolo encerrado en la nodriza, la cual se transforma en una configuración gigante que absorbe luz y energía hasta estallar, acabando con el cenobita y sus esbirros.

 

(5,5/4)

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