HALLOWEEN: EL ORIGEN (Rob Zombie) / 2007: Malcolm McDowell, Scout Taylor-Compton, Tyler Mane, Daeg Faerch, Sheri Moon Zombie, William Forsythe, Danielle Harris, Kristina Klebe, Skyler Gisondo, Danny Trejo, Hanna Hall, Tom Towles, Bill Moseley, Brad Dourif, Richard Lynch, Clint Howard, Adam Weisman, Sybil Danning, Sid Haig, Udo Kier, Ken Foree.

 

   El remake dirigido por Zombie a partir del clásico de John Carpenter La noche de Halloween, 1978, deja un regusto agridulce: Por un lado tenemos unos notables primeros cuarenta minutos en los que se nos retrotrae a la infancia de Michael Myers (interpretado en esta etapa por Faerch, que logra dotar a su personaje de un carácter entre desvalido y aterrador) y asistimos a los hechos que desencadenaron la psicopatía del futuro asesino, relacionada directamente con los malos tratos sufridos en su colegio a manos del típico matón, interpretado por Sabara (sus instintos asesinos,  vislumbrados en los abusos y asesinatos de varios animales, saldrán definitivamente a la luz en el momento en el que su enemigo le muestra un anuncio del show de striptease en el que trabaja su madre sin que él lo sepa), y con las consecuencias de vivir en el ambiente de una familia totalmente disfuncional en un hogar que parece un campo de batalla.  

 

   Su primer asesinato, el del referido compañero de la escuela, es todo un prodigio de crueldad. Cada uno de los golpes, aunque acontezca fuera de plano, queda grabado en la mente al verse reforzado por las imágenes que nos muestran el resultado del mismo en la cara del joven, que pide clemencia y perdón ante el rostro impertérrito de su agresor, sin asomo alguno de remordimiento. Luego acontecerá la masacre en casa de los Myers, con un Michael absorto, que parece obedecer a un impulso inconsciente y primitivo, tal y como un animal que acecha, agazapado, a su presa (sus ojos no muestran sentimiento alguno de culpa, de lástima, pero tampoco de satisfacción o de placer ante sus actos). El primero en sucumbir a la fiebre homicida será el padrastro (un borrachín holgazán que se dedica a humillar a Michael y a su madre y le tira los tejos a la hija adolescente de ésta, al que da vida Forsythe), atado y amordazado mientras duerme una de sus borracheras, para ser degollado por el niño, que tapa su rostro con una careta de payaso (es curiosa la explicación dada por Zombie al uso de los máscaras por parte de Myers, que no obedece a motivos intimidatorios, sino al terror del chico a, según él, mostrar la fealdad de su rostro). Posteriormente sucumbirán Steve (Weisman), el novio de Judith Myers (Hall), la hermana de Michael, golpeado salvajemente con un bate de béisbol (se utiliza una vez más la elipsis, pero el horrible sonido de los incontables golpes en la cabeza del joven, unido a las imágenes del bate ensangrentado, son capaces de causar terror e inquietud), y la joven, apuñalada de manera salvaje hasta la muerte (las imágenes posteriores de los periodistas rodeando la casa y narrando la noticia con pelos y señales, mientras vemos la reacción histérica y desesperada de Deborah Myers –Moon Zombie, la esposa de Rob, vista en sus dos películas anteriores: La casa de los mil cadáveres, 2003; y Los renegados del diablo, 2005- ante el cuerpo sin vida de su hija, ayudan a fijar la sensación de horror y realismo, a lo que contribuye el notable cambio en la fotografía de la escena y el estilo documental utilizado en la misma).

 

   A partir de aquí se narra la reclusión del asesino en una institución mental y su lento e inexorable descenso a los abismos de la demencia, reflejado en la pérdida gradual de la comunicación con sus seres cercanos (su madre y el psiquiatra Sam Loomis, al que da vida un correctísimo McDowell) y en su aislamiento cada vez más acusado en sí mismo, que provoca la pérdida de cualquier nexo con el mundo exterior. Esto se refleja en su ataque injustificado y salvaje a la enfermera (Danning, vista en Aullidos 2, Phillippe Mora, 1985), que desencadenará el suicidio de su madre, perdiendo así a la única persona que lo comprendía y lo amaba (obviemos las motivaciones de Loomis, pues no queda claro si su interés es proteger al pequeño o aprovecharse de la enajenación de éste para vender sus libros). Un salto temporal de varios años nos mostrará el aterrador e impresionante cambio físico del asesino ya en su edad adulta (interpretado por el enorme, en cuanto a tamaño, Mane –Dientes de sable en X-Men, Bryan Singer, 2000-) y su sangrienta huida del psiquiátrico donde pasó la mayor parte de su vida.

 

   Es en este momento del filme donde todas las luces comienzan a tornarse sombras, transformándose el mismo en un típico y tópico slasher en el que asistimos a la implacable persecución de Michael en pos de Laurie (Taylor Compton en el mismo papel que hiciera famosa a Jamie Lee Curtis), su hermana pequeña, un bebé en el momento de la matanza de su familia y una adolescente en la actualidad, que vive en el ya mítico pueblo de Haddonfield ajena a todo lo sucedido aquella fatídica noche. Myers no dudará en acabar con todo aquel que se cruce en su camino, reduciéndose el paso de los minutos a la eliminación sistemática de la práctica totalidad de los personajes secundarios de la película (los padres adoptivos de la joven –la madre es interpretada por la mítica Wallace Stone-; su amiga Linda –Klebe- y el novio de ésta…).

 

   Zombie pierde definitivamente el pulso de su película en el momento en el que Michael se lleva a su hermana, encadenando varios falsos finales que alargan el metraje hasta la extenuación, limitándose a mostrar la huida de Laurie y el acoso al que se ve sometida, una y otra vez, por el asesino. Es una lástima que el director no decidiera acabar su filme en la escena de la piscina, pues de ahí al final el metraje no aporta nada nuevo (el único momento reseñable de ésta parte es aquel en el que Myers encuentra su mítica máscara en su antiguo hogar, más por su carácter icónico y por la añoranza que pueda causar en el cinéfago veterano que por el valor de la escena en sí).

 

   Por lo demás, homenajes (Michael ve El enigma de otro mundo, Christian Nyby, 1951, y su padrastro el Drácula de Tod Browning, 1931, durante la noche del asesinato múltiple; el mítico tema “Don´t fear the reaper” –“No temas a la muerte”-, de Blue Öyster Cult, es escuchado, irónicamente, por dos de las víctimas antes de ser asesinadas…); innumerables cameos de mitos del género (a los ya mencionados se suman los de Moseley y Haig, dos habituales del director; el de TowlesHenry: Retrato de un asesino, John McNaughton, 1986; La noche de los muertos vivientes, Tom Savini, 1990- como uno de los guardianes que transporta a Myers a una prisión de seguridad; KierCarne para Frankenstein, Paul Morrisey, 1973; Sangre para Drácula, ídem, 1974; Suspiria, Darío Argento, 1977; Blade, Stephen Norrington, 1998- en el rol de uno de los encargados de la custodia del chico; o ForeeZombi, George A. Romero, 1978; La matanza de Texas 3, Jeff Burr, 1990; El dentista, Brian Yuzna, 1993- en el papel de Big Joe Grizzly, un camionero que tendrá la mala suerte de toparse con el enmascarado), habiendo otros con papeles más amplios (TrejoAbierto hasta el amanecer, Robert Rodríguez, 1995; Abierto hasta el amanecer 2: Texas blood Money, Scott Spiegel, 1999- como Daniel Cruz, el carcelero que cuida de Michael; DouriffMuñeco diabólico, Tom Holland, 1988; El exorcista III, William Peter Blatty, 1990; Alien: Resurrección, Jean-Pierre Jeunet, 1997; El señor de los anillos: Las dos torres, Peter Jackson, 2002; El señor de los anillos: El retorno del rey, ídem, 2004- como el sheriff Brackett, el padre de Annie –Harris, que repite curiosamente como víctima potencial tras ser perseguida en dos de los filmes de la serie original: Halloween 4: El regreso de Michael Myers, Dwight H. Little, 1988; Halloween 5: La venganza de Michael Myers, Dominique Othenin-Girard, 1989, donde era una niña que tenía la desgracia de ser la última pariente con vida del asesino, siendo el objetivo de éste-, una de las amigas de Laurie); correctos FX de Michael Deak (Terrorvision, Ted Nicolau, 1986; Ator 3: The hobgoblin, Joe D´Amato, 1990);  y Wayne Toth (La novia de Re-animator, Bryan Yuzna, 1990; Viernes 13, el final: Jason va al infierno, Adam Marcus, 1993; El regreso de los muertos vivientes, Bryan Yuzna, 1993; Vampiros, John Carpenter, 1998; House on haunted hill, William Malone, 1999; Planet terror, Robert Rodríguez, 2007); música de Tyler Bates, que calca la fanfarria hiper-conocida de Carpenter; y producción de Malek Akkad, hijo de Moustapha Akkad, el productor habitual de los primeros Halloween fallecido en un atentado de Al Qaeda.

 

   Una lástima que el director no lograra equilibrar la brillantez y sobriedad de los dos primeros actos (sobre todo el primero) y la mediocridad del tercero.

 

(6,5/6)

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