DIABLO SOBRE RUEDAS, EL (Steven Spielberg) / 1971: Dennis Weaver, Eddie Firestone, Gene Dynarski, Tim Herbert, Charles Seel, Alexander Lockwood, Amy Douglas, Shirley O´Hara, Lucille Benson, Carey Loftin, Dale Van Sickel.

 

   El debut tras las cámaras del hoy conocido como Rey Midas del cine se produjo con esta cinta de bajo presupuesto que en un principio fue rodada para estrenar en televisión, pero para la que luego se filmaron varias escenas más (la de la discusión telefónica del protagonista con su esposa, o aquella otra en la que el vehículo es empujado por el camión hacia la vía del tren cuando un mercancías circula por ella a toda velocidad) con el fin de estrenarla en salas comerciales en Estados Unidos y otros países. La escasez de medios fue tal que el plan de rodaje duraba diez días, que fueron alargados hasta los trece debido a la imposibilidad de filmar todas las escenas en exteriores, tal y como deseaba Spielberg. Éste, para ganar tiempo, situaba varias cámaras en las escenas de persecución, para luego utilizar los distintos planos en diversas secuencias.

 

   La historia narra el terrorífico periplo que sufre David Mann (Weaver, que dejó momentáneamente su papel en la mítica McCloud para realizar la película), un tímido y apocado comerciante que acude en su vehículo a una reunión con un cliente. El horror comenzará cuando se cruce en su camino un enorme camión trucado (el mayor hallazgo de la película, pues su aspecto, totalmente amenazador -atención a las matrículas que adornan su morro, y que pertenecen a las víctimas ya cobradas en otros estados-, se ve incrementado con la hábil maniobra del director de no mostrar al conductor en ningún momento -solo veremos su brazo en un par de ocasiones-, haciendo que la amenaza se personalice en el vehículo, que parece cobrar vida, convirtiendo a una máquina inerte en un asesino imparable, imperturbable y lleno de odio -treta que utilizaría más adelante en la magistral Tiburón, 1975, en la que el escualo no era mostrado en su totalidad hasta el final, con el fin de que el peligro fuese intangible, dando la sensación de que podía aparecer en cualquier momento de la nada-) conducido por un psicópata que hará todo lo posible por acabar con su vida, iniciándose una brutal persecución (pese a que el título original de la película es Duel, ésta nos muestra una cacería y no un duelo, pues es solo al final cuando David decide plantarle cara a su adversario) que solo concluirá con la muerte de uno de los contendientes.

 

   Pese a algún que otro momento realmente desquiciante (el comportamiento del protagonista acaba siendo poco creíble, teniendo reacciones injustificables que contrastan con su carácter sumiso. Como ejemplo valga la escena de la cafetería, en la que se acaba llevando una paliza de un tipo al que importuna tras confundirle con su perseguidor, pegándole un manotazo a la hamburguesa que se está comiendo. También se puede mencionar la secuencia del autobús escolar averiado, negando en primer lugar su ayuda al conductor que le pide que le empuje, y luego tratando de apartar a los niños que juegan en el arcén para evitar que el camión, parado a considerable distancia, les atropelle. Su apariencia de trastornado y su comportamiento paranoico provocan que el chofer piense que quiere hacer daño a los pequeños. Su posterior huida, cuando el camión se acerca, no ayuda a que su imagen mejore, sobre todo cuando el vehículo perseguidor empuja al autobús para que arranque), los buenos momentos superan a los malos, siendo notables las escenas de persecución (sobre todo aquellas en las que los vehículos descienden a tumba abierta algún puerto de montaña), rodadas con considerable habilidad, pese a que algunas se repitan en distintos momentos. También es destacable el magistral desenlace, con el camión despeñándose por un  interminable barranco después de embestir al automóvil, ya sin su ocupante, mientras oímos esos rugidos que asimilan al vehículo con un enorme dragón (otra referencia al duelo del título original, sobre todo si tomamos a David por el caballero que se enfrenta a la “criatura”). Esos mismos sonidos serían utilizados posteriormente en la ya mencionada Tiburón, cuando Roy Scheider hacía volar por los aires al enorme pez al final del metraje.     

 

   En el capítulo de curiosidades, señalar que Weaver condujo el coche en la mayoría de escenas de la película, incluida aquella en la que está a punto de ser atropellado en una cabina telefónica (el conductor del camión tenía que desviar su trayectoria si en el momento que sobrepasaba una marca realizada en el suelo el actor aún no había salido de la misma); que el filme partía de una historia personal que el archiconocido escritor Richard Matheson (autor de, entre otras, Soy leyenda, El hombre menguante, El último escalón, La casa infernal, o Más allá de los sueños, todas ellas trasladadas en una o varias ocasiones a la pantalla) publicó en la revista Playboy, y que él mismo adaptó para ser filmada; que el director se llevó el Gran Premio del Festival de Avoriaz de 1973, estando nominada a los Globos de Oro de 1972 en la categoría de Mejor Telefilme; y que son obvias sus influencias sobre filmes posteriores como Asesino invisible, Elliot Silverstein, 1977; Christine, John Carpenter; 1983 (basada en la novela homónima de Stephen King); o Nunca juegues con extraños, John Dahl, 2001.  

 

(6,5/0)                                                                         

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