DESTINO FINAL 2 (David R. Ellis) / 2003: A. J. Cook, Ali Larter, Michael Landes, Jonathan Cherry, T. C. Carson, Keegan Connor Tracy, Linda Boyd.

 

   El competente David R. Ellis (realizador de la entretenida Cellular, 2004, y de otros títulos muy conocidos, ya en calidad de director de segunda unidad -fue el creador de la espectacular persecución de la carretera de Matrix reloaded, Larry & Andy Wachowsky, 2003. Sin duda, lo mejor de toda la película-) filma con pulso firme esta meritoria secuela de la ya de por sí notable Destino final, James Wong, 2000, en la que Kimberly Corman (Cook, una fija del reparto de la longeva Mentes criminales, vista también en Wishmaster 3: La piedra del diablo, Chris Angel, 2001), una joven que realiza un largo viaje en automóvil con tres amigos, tiene una visión premonitoria que anticipa un terrible y multitudinario accidente de tráfico en el que se verán envueltos y que acabará con su vida y la de sus acompañantes. La intervención de la chica trastoca el plan de la muerte, pues varias de las personas que debían fallecer en el accidente salen con vida. Así, la parca ha de idear un nuevo procedimiento que le permita eliminar a los supervivientes, con el fin de que sus designios no se vean trastocados.

 

   El filme se abre con unos títulos de crédito muy similares a los de la primera entrega, en los que ya advertimos diversas señales que anticipan lo que nos espera: La cámara se desplaza lentamente por una habitación, recreándose en diversos detalles. Así, sobre una mesa vemos una lupa que amplia una foto en la que sale Kim, la protagonista. Sobre la instantánea, una lanceta convenientemente colocada de forma tal que la cuchilla del extremo reposa sobre el ojo derecho de la protagonista. El objetivo sigue su movimiento y observamos un muñeco colgado, similar al visto en la primera parte, que vuelve a parecer un hombre ahorcado. También nos fijamos en un avión en miniatura similar al que se estrellara en Destino final, así como en una pegatina que reza “Road trip”, tapando un objeto convenientemente la “t”, y quedando “Road rip”, palabras que anticipan el accidente automovilístico venidero, quizá el más espectacular de toda la saga junto al que tiene lugar en la quinta entrega.

 

   Toda la secuencia de la autopista es un magnífico tour de force pleno de tensión y magistralmente rodado (de hecho, nos encontramos ante tres minutos de inquietud absoluta en los que Ellis da sopas con hondas a cualquier persecución rodada con muchísimo más presupuesto por Michael Bay o alguno de sus émulos de cámara epiléptica), donde Ellis logra que nos sintamos en plena carretera como si fuéramos en uno de los coches, colocando siempre la cámara en el punto más impactante desde el momento en que vemos por primera vez los vehículos rodando a toda velocidad por el piso mojado (cuando varias señales nos hacen intuir la tragedia que se avecina: los chicos del autobús escolar -del Instituto Mt. Abraham, al que pertenecían las víctimas de la primera entrega- que gritan “¡Colisión! ¡Colisión!” mientras adelantan al vehículo de Kim; la emisora de radio que habla de una vigilia a celebrar en el aniversario del accidente del vuelo 180; la canción “Highway to hell” -“Autopista al infierno”, o la ironía llevada al extremo-, de AC/DC, que suena en otra frecuencia que Kim sintoniza; el vehículo de los protagonistas a punto de ser arrollado por el camión que luego provocará el accidente; el conductor que bebe cerveza; o el niño que viaja en el asiento delantero, junto a su padre, y que choca repetidamente dos coches de juguete que tiene en las manos), hasta que el coche de una de las víctimas, envuelto en llamas, es embestido por un camión que posteriormente se dirige convertido en una bola de fuego hacia el automóvil volcado de la protagonista, momento en el que aquella se despierta del sueño premonitorio para evitar a continuación la muerte de varias personas que viajan detrás. Eso sí, sus amigos perecen tras ser arrollados brutalmente por un camión de transporte de vehículos (el porqué en el momento de la colisión el vehículo se sitúa alineado en el carril cuando instantes antes se hallaba atravesado impidiendo el paso de los coches que lo precedían, carece de explicación), el mismo que en el sueño acababa con la vida de Kim y sus acompañantes.

 

   El accidente se inicia cuando los enormes troncos que transporta un camión se sueltan al romperse la cadena de sujeción, cayendo y rebotando en el suelo. Uno de ellos atraviesa longitudinalmente el vehículo policial que le precede, causando la muerte del oficial Burke (Landes), que resulta aplastado. Eugene (Carson, la voz de Kratos en todas las entregas del videojuego God of War realizadas hasta la fecha, así como la de Mace Windu en las que conciernen a Star wars, demostrando que es mucho mejor doblador que actor, en una interpretación histérica y sobreactuada al límite) se cae de la moto que pilota, resbalando sobre el piso mojado hasta verse frenado por otro de los troncos, y siendo finalmente aplastado por su propio vehículo, que se desliza tras él. A continuación el coche de Rory (Cherry, visto en la infame House of the dead, Uwe Boll, 2003), roza otro de los leños, volcando espectacularmente y dando varias vueltas de campana (Ellis utiliza varias veces la cámara lenta para añadir mayor dramatismo) hasta quedar detenido y cruzado en uno de los carriles de la autopista. La cámara muestra un primer plano del joven, que gira su cabeza hacia la ventanilla justo para ver con expresión aterrada como un camión se abalanza sobre su vehículo. Un nuevo plano, esta vez desde el exterior, muestra la espectacular colisión, con el automóvil siendo embestido, explotando y casi desapareciendo en pequeños trozos, que salen despedidos en todas direcciones.

 

   La acción no se detiene, fijándose ahora en el todoterreno de Kat (Connor Tracy, que dio vida a Jeanne en las dos últimas temporadas de Galáctica: Estrella de combate -otro intérprete de la serie, este habitual, tiene un pequeño papel en la película como ayudante del sheriff. Se trata de Aaron Douglas, que en aquella daba vida a Galen Tyrol-, así como al Hada del diente en Érase una vez y a la señora Watson en Bates motel), que embiste frontalmente otro de los troncos diseminados por la autopista, volcando y cayendo sobre el mismo (de nuevo el recurso de la cámara lenta, con un plano interior del vehículo que muestra a la joven durante el impacto). El objetivo se desplaza hasta el coche de Nora y su hijo Tim (Boyd y Kirk respectivamente), que avanza descontrolado intentando evitar a los vehículos accidentados. Un derrape provoca la caída de una botella de agua que lleva el chico, que se precipita al suelo atascando el pedal de freno e impidiendo su accionamiento, colisionando el automóvil con el mismo tronco que embistiese Kat instantes antes. Entonces el coche de Kim toca otro de los maderos, volcando y dando varias vueltas de campana (atención a la espeluznante escena en el que vemos el pelo de Shaina -Sarah Carter-, su amiga, saliendo por el hueco del techo panorámico) hasta detenerse y ser finalmente arrollado por el camión cargado de automóviles citado anteriormente.

 

   Como sucedía en la primera entrega, la muerte sigue utilizando las formas más expeditivas y originales que se recuerdan, al menos desde que Damien hiciese estragos en La profecía, Richard Donner, 1976, y sus secuelas, para finiquitar a los supervivientes de su plan primigenio: Así, veremos llegar a Evan (Paetkau) a su pequeño apartamento, pisando una muñeca tirada en el suelo a la que le falta un ojo (primera señal de lo que se avecina). El joven lanza los espaguetis que tiene en un sartén por la ventana (algo que parece intrascendente, pero que como veremos influirá decisivamente en su deceso), para a continuación poner el utensilio al fuego. Al cerrar la nevera para coger comida congelada, uno de los imanes pegados en el electrodoméstico que forman las palabras “Hey E!” (algo traducible como “¡Eh, Evan!”) se cae (concretamente la “H”, quedando “eye!” como una nueva y premonitoria mención al órgano ocular) dentro de la comida china que es introducida en el microondas. El chico se quita el anillo que lleva para observarlo con detenimiento, pero se le escurre por el desagüe, metiendo la mano para sacarlo y quedándose atascado. Sus esfuerzos por liberarse resultan vanos, y mientras se produce un pequeño fuego en el sartén. Evan intenta apagarlo con un rodillo, pero lo único que consigue es tirarlo al suelo, haciendo que las llamas se propaguen por la cocina. Cuando al fin consigue soltarse, se ve obligado a salir por la ventana a la escalera de incendios, momento en el que la casa vuela por los aires. El joven baja por la escala, que se atasca, dando empujones hasta desbloquearla bruscamente, lo que provoca su caída al suelo. Al intentar huir resbala con los espaguetis lanzados anteriormente, quedando tendido sobre el piso. La escalera se suelta y cae de golpe, atravesando una de las patas el ojo derecho de Evan.

 

   El siguiente en morir será Tim, en una escena tan elaborada como la anterior. El chico (al que la noche anterior vemos leyendo el libro de Stephen King “Un saco de huesos”, básicamente aquello en lo que se convertirá su cuerpo después del accidente sufrido, una vez es introducido en la bolsa de cadáveres) se encuentra en la sala de espera de su dentista junto a su madre (el hilo musical reproduce la ya reconocible “Rocky mountain high” de John Denver, que sonase en casi todas las muertes de la primera parte). Una vez en la consulta, el odontólogo utiliza óxido nitroso para anestesiarlo, viéndose obligado a dejarlo solo cuando varias palomas embisten las cristaleras de su clínica, rompiendo una de ellas la de recepción. El chico, con la boca abierta sujeta por un fórceps, observa un colgante en el techo del que penden varios peces de plástico. Uno de ellos se suelta y cae en sus fauces, provocando su asfixia momentánea. La llegada providencial de una de las ayudantes del doctor le salva de morir ahogado. Ya en la calle Tim observa varias palomas en el suelo, lanzándose sobre ellas. Las aves, asustadas, emprenden el vuelo y embisten a un operario que maneja una enorme grúa, haciéndole tocar de manera accidental una palanca que libera una plancha de cristal que pende a gran altura. Ésta cae estrepitosamente sobre el chico, que fallece brutalmente aplastado en una de las escenas más salvajes de todo el filme.

 

   Antes de la siguiente muerte tendrá lugar el cameo de Tony Todd, que repite en su papel de embalsamador de la funeraria y que vuelve a protagonizar una desagradable escena con el cadáver que tiene ante sí (si en la primera parte tenía un pequeño problema con el drenaje del cuerpo de Tod -Chad Donella-, aquí arranca con una tenaza un piercing del pezón de Evan), despidiéndose de Clear (la hermosa Larter, la única que repite de la primera entrega junto a Todd) con la frase “Hay fuego en tu interior”, que a la postre resultará tan premonitoria como sarcástica. Ahora sí, le llega el turno a Nora, en una de las muertes menos elaboradas y más descafeinadas de toda la saga, pues su cabeza se queda atorada en la puerta de un ascensor (en el que suena, de nuevo, “Rocky mountain high”) por culpa de un gancho que se le atasca en el pelo, mientras que su cuerpo queda en el exterior, en el pasillo. El accionamiento del elevador, que asciende, seccionará su testa al llegar a la altura del techo del corredor.

 

   Los siguientes en caer serán Kat y Rory, casi simultáneamente. La primera se encuentra en el interior de su vehículo después de sufrir un accidente, cuando viaja junto a Clear, Kim, Eugene, Burke y el citado Rory. Un tubo roto de PVC, amontonado en una pila con la que choca el coche, rompe el cristal trasero hasta atravesar el reposacabezas de la conductora sin causarle daño, mientras que un tronco incrustado en la puerta atrapa sus piernas, impidiendo su salida. En el choque, Eugene resulta herido, por lo que es necesario evacuarlo. Entre tanto, una unidad móvil de televisión llega al lugar, rompiendo su depósito de gasolina con una piedra al aparcar. El combustible derramado cae sobre un trozo de uralita y luego fluye por una de las tuberías de PVC, rota tras la colisión del vehículo de Kat, vertiéndose cerca de éste. Mientras, un bombero intenta excarcelar a la accidentada con un equipo hidráulico con el que golpea el coche, accionando el airbag, que impulsa la cabeza de la chica hacia atrás, ensartándola en la tubería de PVC que asoma por el respaldo. El cigarro que fumaba la joven cae al suelo y es empujado por una ráfaga de viento hasta la gasolina, la cual se inflama, siguiendo el fuego el reguero de combustible hasta el furgón del informativo, que estalla. La onda expansiva arranca una alambrada cercana, que sale volando en dirección a Rory (quien minutos antes de morir salva a un chico de ser atropellado, algo que tendrá su influencia al final de la película), al que secciona en pedazos.

 

   Luego llegará la secuencia del hospital, donde una explosión de una bombona de oxígeno que se halla en la habitación de Eugene causa la muerte de éste y de Clear, que llega en ese momento al cuarto, y que sale despedida y envuelta en llamas (tal y como de soslayo predijo el embalsamador) hasta caer a los pies de Kim y Burke. El final, con éstos celebrando su efímera victoria sobre la muerte (como se verá en la tercera entrega, en los finales alternativos del DVD) con una barbacoa de gas que estalla y elimina al chico salvado por Rory (que obviamente debía haber muerto atropellado y que al ser salvado por alguien que no debería estar vivo pasó a engrosar la lista de la muerte), resulta impactante, y reviste la tragedia de un humor que solo se puede calificar de negrísimo (la explosión hace que uno de los brazos vuele por los aires hasta caer, chamuscado, en el plato de la madre, que grita aterrada).

 

   En definitiva, diversión a tope, descerebrada y desprejuiciada para disfrutar sin darle demasiadas vueltas al asunto (si se hace, las incoherencias y errores empiezan a aflorar -esa foto en el cuarto de Clear, en la que aparece junto a algunos de los protagonistas de la primera entrega como Carter, Billy o Terry, carece de sentido, pues no eran amigos y no se llevaban demasiado bien-). Curiosamente, la única entrega de la saga en la que se opta por dar protagonismo a personajes adultos, resulta a la postre la que tiene los diálogos más chirriantes y ridículos (junto a los de la ya mencionada cuarta parte).

 

   Destacar que se mantiene, a modo de homenaje, la simpática iniciativa que tuvo lugar en la primera parte de darles apellidos de famosos directores del género a los personajes (Corman, Carpenter, Gordon, Arnold). Por otro lado encontramos otra referencia al cine de terror en el nombre de la Institución Mental Stonybrook, en la que se aloja Clear, y que es la misma que aquella en la que se halla recluida Laurie Strode (Jamie Lee Curtis) al principio de Halloween: Resurrection, Rick Rosenthal, 2002. Finalmente, la frase dicha por un paciente del citado centro cuando llega Kim (“¡Quitádmelos de encima!”), está extraída de Hellbound: Hellraiser 2, Tony Randel, 1988, donde, en situación similar, un lunático se infligía daño a sí mismo con una cuchilla al pensar que estaba cubierto de bichos.

 

(6,5/8)

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