4 MOSCAS SOBRE TERCIOPELO GRIS (Dario Argento) / 1971: Michael Brandon, Mimsy Farmer, Jean-Pierre Marielle, Bud Spencer, Aldo Bufi Landi, Calisto Calisti, Marisa Fabbri, Oreste Lionello, Fabrizio Moroni, Corrado Olmi, Stefano Satta Flores, Laura Troschel, Francine Racette, Dante Cleri.

 

   Roberto (Brandon), un joven músico, es seguido por un desconocido desde hace tiempo. Un día, acuciado por la situación, decide enfrentarse al individuo, quien, sabiéndose descubierto, utiliza una navaja para defenderse. El chico repele el ataque, hiriendo accidentalmente al hombre, al que abandona dándole por muerto. Al poco tiempo comenzará a recibir fotografías del momento en el que se cometió el crimen y documentación relacionada con Carlo Marosi (Calisti), el verdadero nombre del fallecido, mientras que sufre el acoso de alguien que dice haber sido testigo de lo sucedido. Simultáneamente comienzan a sucederse los asesinatos de varios amigos y personas del entorno de Roberto.

 

   Argento cerró su trilogía de los animales, encuadrada en el giallo, con este filme (los precedentes fueron El pájaro de las plumas de cristal, 1969, y El gato de las nueve colas, 1971), que obvia uno de los cánones fundamentales de dicho subgénero: la necesidad de que los crímenes sean lo más rebuscados y sangrientos posibles (todos acontecen fuera de campo, y solo en uno de ellos se crea un ambiente ominoso y denso. Esto sucede en el asesinato de Amelia, la doncella de Roberto, que intenta chantajear al joven después de oír una conversación en la que éste se inculpa del crimen y cuenta con todo lujo de detalles lo sucedido. Un parque luminoso y pleno de actividad -vemos a los pequeños jugando en los columpios, a las parejas besándose…- es el lugar elegido para que la mujer sea compensada por guardar silencio, pero el joven no termina de llegar. El paso del tiempo hace que el lugar quede desierto, con solo la presencia de Amelia, que se desespera sentada en uno de los bancos. La caída de la noche y los extraños ruidos que comienzan a multiplicarse en los alrededores hacen que la mujer decida irse, pero pronto advierte que no está sola. Los otrora radiantes y bulliciosos caminos del parque, flanqueados por hileras de árboles y matorrales, se convierten en pasillos de un laberinto ahora solitario y tenebroso del que la extorsionista no logrará salir con vida). En esta ocasión tenemos una trama no demasiada compleja (algo que también se escapa un tanto de los parámetros habituales), con una retahíla de sospechosos lo suficientemente amplia para mantener al espectador entretenido mientras se afana en averiguar la identidad del criminal, algo que por otro lado resulta extremadamente sencillo (sin ir más lejos, me considero un negado para ejercer de detective en este tipo de filmes, y en esta ocasión logré adivinar quién era el asesino) si tenemos en cuenta la llamada que realiza Amelia y quienes son las personas a las que les puede pedir dinero a cambio de su silencio.

 

   En el debe, la utilización de determinados recursos humorísticos, metidos con calzador (el cartero apaleado por Roberto tras confundirlo con el asesino, que luego rehúye de él constantemente), minimizan la seriedad de la trama. Esto se ve acentuado con otros personajes de marcado acento jocoso (Diosdado, el amigo que ayuda al joven, interpretado por el legendario Bud Spencer, o Gianni -Marielle-, el detective gay al que contrata el protagonista y que afirma que el hecho de no haber resuelto aún ningún caso juega a su favor, pues la estadística dice que su mala racha se ha de romper de inmediato -“Me podría sentar a esperar en mi despacho sin hacer nada en absoluto y el mismo asesino vendría a entregarse”, afirma en uno de los mejores momentos del filme, mientras un estupefacto Roberto le responde: “¿Y va usted a hacer eso?”-. Para su desgracia, acertará en su vaticinio, pagándolo con su vida) que, si bien no chirrían tanto como el del repartidor, tampoco ayudan a mantener el clima de tensión preciso.

 

   Señalar que el guión fue coescrito (junto a Argento) por Luigi Cozzi, director de películas tan “míticas” para el aficionado como Starcrash: Choque de galaxias, 1978; o Contaminación: Alien invade la tierra, 1980. Por otro lado, la banda sonora corre a cargo de Ennio Morricone. Determinadas disputas con Argento sobre el uso de ciertos temas en la película dieron al traste con más colaboraciones hasta 1996, donde regresaría para crear el score de El síndrome de Stendhal. Además, para la escena de la decapitación a cámara lenta de Nina (Farmer) se utilizaron doce coches diferentes con el fin de dar con el efecto deseado por el director, que también utilizó en otro momento del metraje un efecto similar al bullet time o tiempo bala que luego triunfaría en películas como Matrix, Larry & Lana Wachowsky, 1999. Finalmente citar que, mientras Roberto conduce por las calles de la ciudad, podemos ver en la pared de uno de los edificios un cartel de la película El pájaro de las plumas de cristal.

 

(6/2)

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