EXPERIMENTO DEL Dr. QUATERMASS 2, EL (Val Guest) / 1957: Brian Donlevy, John Longden, Sid James, Bryan Forbes, William Franklyn, Vera Day, Charles Lloyd Pack, Tom Chatto, John Van Eyssen, Percy Herbert.

 

   De regreso al observatorio astronómico en el que realiza sus investigaciones, el profesor Quatermass (Donlevy de nuevo, repitiendo su rol de la primera parte) se topa con un vehículo accidentado, ocupado por una joven que pide ayuda y la pareja de ésta, que presenta una extraña herida en la cara. Una vez llega al emplazamiento, sus colegas le explican que el radar ha detectado un enorme grupo de pequeños meteoritos que caen a la tierra desde hace horas, con la peculiar característica de que su velocidad de descenso es moderada, como si no les afectase la gravedad. Quatermass pedirá ayuda de nuevo al inspector Lomax (un sobrio Longden que sustituye al mucho más eficaz Warner), y sus indagaciones les llevarán a Winnerden Flats, el pueblo en el que se produce la caída de los objetos espaciales. Una vez allí, comprueban que la aldea ha desaparecido y en su emplazamiento se ha construido una gigantesca planta industrial, en la que supuestamente se fabrican alimentos sintéticos, pero que realmente esconde un oscuro secreto: en la misma se tratan los meteoritos que caen del espacio, los cuales liberan un gas que, si es aspirado por un ser humano, anula su voluntad y lo transforma en una especie de zombi que acata cualquier orden. La invasión ha comenzado, y nuestros dos protagonistas son los únicos que saben lo que sucede.

 

   La productora británica Hammer reincidió en el personaje del arisco y petulante Quatermass después de dar en la diana con la primera entrega, habiendo logrado un fantástico éxito tanto de taquilla como de público. Como si se tratase de un segundo episodio de una serie (de hecho, es fácil ver elementos que luego se repetirían en la fantástica, en todos los sentidos, Expediente X, con una pareja de investigadores que siguen la pista a los organizadores de una invasión extraterrestre. Incluso tenemos émulos de Scully -el escéptico Lomax- y Mulder -el paranoico Quatermass- y un líquido oscuro similar al que en la serie creada por Chris Carter causaba el cáncer negro, y que aquí provoca la pérdida de la humanidad al ser inhalado), el profesor se enfrenta a un nuevo desafío, ésta vez, si cabe, mucho más peligroso que el del filme previo, pues nos encontramos ante una colonización extraterrestre en toda regla, llevada a cabo de forma silenciosa y secreta, al ser los seres humanos los huéspedes de las entidades espaciales, con lo que solo varía su psique, pero no su aspecto exterior, salvo por unas extrañas quemaduras con una herida en forma de V que brotan en cualquier parte del cuerpo de los anfitriones. Es fácil observar los clarísimos paralelismos con La invasión de los ladrones de cuerpos, Don Siegel, 1956, otro filme que tuvo el honor de contar con una doble interpretación a conveniencia del espectador de turno (por un lado, como un reflejo de la Guerra Fría y del temor del pueblo americano -en este caso británico- al enemigo rojo. Por otro, como una identificación de las hordas extraterrestres con los seguidores del senador McCarthy, empeñados en acabar con las carreras de antiguos amigos y compañeros, identificándolos como comunistas. De hecho, El experimento del Dr. Quatermass 2 fue objetivo de la censura española, pues ésta la interpretó como una solapada crítica a los regímenes totalitarios, ya que su final, abiertamente positivo, aboga por la lucha contra ese tipo de gobiernos, y es la muerte de Hall -James-, el periodista que es asesinado mientras hace uso de la libertad de prensa para informar al pueblo llano de lo que sucede, lo que provoca esa pequeña revolución que terminará con el derrocamiento del tiránico poder en la sombra), así como con otras películas posteriores, como la simpática Alguien mueve los hilos, Stuart Orme, 1994.

 

   Por lo demás, una correcta película de Ciencia Ficción, correspondiente a la época dorada del género (década de los cincuenta y primer quinquenio de los 60), que aún contaría con una nueva secuela, titulada ¿Qué sucedió entonces?, 1967, que ya no contaría con la labor de Val Guest tras las cámaras, sustituido por Roy Ward Baker, ni con la interpretación de Donlevy, recogiendo Andrew Keir su testigo.

 

(6,5/1)

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