¿QUÉ SUCEDIÓ ENTONCES? (Roy Ward Baker) / 1967: Andrew Keir, James Donald, Barbara Shelley, Julian Glover, Duncan Lamont, Bryan Marshall, Peter Copley, Edwin Richfield, Grant Taylor, Maurice Good, Robert Morris.

 

   Mientras se realizan unas excavaciones para la ampliación de la estación de metro de Hobb´s End (nombre que también recibe, no por casualidad, el pueblo en el que se desarrolla la acción de la aterradora e imprescindible En la boca del miedo, John Carpenter, 1996. De hecho, y como veremos más adelante, esta no es la única coincidencia respecto a la filmografía de Carpenter), se produce el hallazgo de un extraño objeto que se halla enterrado en el lodo. En las inmediaciones también se encuentran varios cráneos pertenecientes a una especie de homínidos que podrían ser parte desconocida de la cadena evolutiva del ser humano. La llegada del Coronel Breen (Glover) complica aún más la investigación, pues desde el principio se convence de que el objeto es un tipo de bomba desconocido que los nazis idearon y lanzaron durante la II Guerra Mundial y que no llegó a explosionar. El profesor Quatermass (un fenomenal Keir, que supera el ya notable trabajo que Brian Donlevy realizó en las dos primeras entregas de la saga aportando al personaje, además, un nuevo carácter, mucho más sociable y cordial), que llega con el militar, contempla otro punto de vista totalmente distinto, al creer que el artilugio es, ni más ni menos, que de origen extraterrestre.

 

   La tercera parte de la saga del profesor Quatermass cambió tanto de director (Ward Baker -un habitual de la Hammer: Las amantes del vampiro, 1970; Las cicatrices de Drácula, 1970; El doctor Jekyll y su hermana Hyde, 1971; Kung Fu contra los 7 vampiros de oro, 1974…- se situó tras la cámara, recogiendo el testigo de Val Guest) como de protagonista (el ya citado Keir, que también intervino en Drácula: Príncipe de las tinieblas, Peter Cushing, 1966; o La reina vikinga, Don Chaffey, 1967), pero mantuvo como guionista al creador del personaje protagonista, Nigel Kneale. Así, la historia resulta ser la mejor de la saga con diferencia, mezclando por primera vez en la trilogía el terror con la ciencia ficción. Y es en esa parte en la que el escritor toca el género del miedo donde la película funciona mejor, consiguiendo una serie de momentos antológicos: Resulta aterradora la visita de Quatermass junto a Barbara (Shelley, conocida como “The First Leading Lady of British Horror” -algo así como “La primera y más importante dama del horror británico”- por su aparición en filmes como The camp on blood island, Val Guest, 1958; La sangre del vampiro, Henry Cass, 1958; El pueblo de los malditos, Wolf Rilla, 1960; La gorgona, Terence Fisher, 1964; Drácula: Príncipe de las tinieblas; o Rasputín, Don Sharp, 1966)  y un policía a las casas que se hallan frente a la estación de metro y que se encuentran abandonadas desde antes de la II Guerra Mundial, cuando los vecinos huyeron aterrorizados tras ser testigos de varias apariciones fantasmagóricas. Allí, una puerta de una de las viviendas se abrirá sola sin que medie acción alguna por parte de los presentes, y también se descubrirán varios arañazos en una de las paredes, atribuidas por el agente, ya preso del horror, a unos niños. Las interpretaciones de los tres actores, los extraños sonidos y la ambientación siniestra del lugar hacen el resto; también resulta inquietante en grado sumo la inmediata salida al exterior, con Barbara y el profesor descubriendo un cartel que reza el nombre de la calle en que se encuentran de dos maneras distintas: “Hobb´s Lane” y “Hob´s Lane”. Quatermass afirma: “Hobb es el jugador de cricket…”, pero su frase se ve cortada por la turbadora aseveración de la mujer: “Hob es un antiguo apodo del Diablo”; y, finalmente, la parte en la que la pareja protagonista investiga (con visita a los archivos de la Abadía de Westminster incluida) los sucesos después de que Barbara encuentre una serie de recortes en los que se asegura que en la década de los años 20 tuvieron lugar una serie de apariciones horribles en el lugar durante las obras de construcción de la estación de Hobb´s End también resulta escalofriante, pues según avanzan las pesquisas se revela que los fenómenos extraños y las visiones se repiten cada vez que se produce algún tipo de excavación en la zona, remontándose dichos sucesos hasta la época de los romanos.

 

   Curiosamente, el interés de la película decae en el momento en que se adentra en el terreno de la Ciencia Ficción, cuando los protagonistas descubren a esos artrópodos gigantes muertos en el interior de la nave que resultan ser de origen extraterrestre y que, según Quatermass, jugaron un papel decisivo en la evolución del ser humano. Aquí la película se hace un tanto densa, abundando los diálogos explicativos (aunque resulta llamativa la escena de la autopsia al extraterrestre, pues recuerda a la de La cosa, John Carpenter, 1982) y escenificándose la eterna lucha entre Ciencia (el sabio profesor) y Ejército (el arisco y belicoso Breen). Evidentemente, la partida la ganará el primero, pero la testarudez del segundo traerá graves consecuencias al imponer su teoría a la de Quatermass. Así, la liberación del ente que contiene el artefacto llevará el terror a las calles de Londres, provocando que los hombres se maten entre sí (los semejantes eliminándose entre ellos, tal y como hacían los nazis. Al menos Breen tenía razón en parte). Será el Dr. Roney (Donald), otro de los científicos (cómo no), el que con su sacrificio salvará al ser humano de su aniquilación.

 

(7/0)

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